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Rebelde sin efecto

Xavier Bru de Sala

'Rebel without effects'. Así aparece Barcelona. Rebelde con causa pero rebelión sin efecto. Vista desde fuera, la ciudad ha adquirido una nueva aura. El impacto de la violencia policial del 1-O fue muy negativo. (Lisboa, por ejemplo, se benefició). Después, el mundo vio que no ocurría nada serio. Conflicto político que podría ser de larga duración pero con estabilidad social y jurídica asegurada.

El aroma de la rebeldía agrada al capitalismo más tecnológico, a los implicados en la investigación aplicada y en el arte de extraer un gran rédito de sus conocimientos. Los pocos que no lo ven de tan lejos, suspiran un "pobres catalanes" y a su bola, a competir sin descanso. En un primer mundo tan aburrido, adocenado y uniforme, un poco de pimienta incluso alegra la existencia, sobre todo si no provoca ni estornudos. La gente creativa se desplaza hacia las ciudades creativas, y ¿qué es una ciudad creativa si todo lo que allí puede suceder es más que previsible? La combinación de incertidumbre y seguridad ha pasado a ser un valioso intangible, añadido a las mejores cartas de Barcelona: 'Lifestyle', comunicaciones, clima.

En un primer mundo tan aburrido y uniforme, un poco de pimienta incluso alegra la existencia, sobre todo si no provoca ni estornudos

Es preciso no ignorar ni menospreciar ninguno de nuestros gravísimos problemas para deplorar la insensibilidad de quienes así nos ven. Puede parecer cinismo, pero nadie ha dicho que la gente creativa sea inmune a ciertas dosis de egolatría. No tanta como la de quienes mueven la insoportable maquinaria del mundo, pero ya se sabe, si quieres competir no puedes dedicar mucho tiempo a las lamentaciones.

Vista desde la estratosfera, Barcelona cobra una nueva luminosidad. Rebelde con causa pero sin ninguno de los efectos deseados por los encausados. Con una consecuencia no planificada pero desde hace tiempo profetizada y ahora amplificada: "El turbio azur de ser tres veces rebelde", según proclamaba, anticipándose a tantas miradas, Maria Mercè Marçal.

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