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EDITORIAL

La nueva etapa del Liceu

Tras superar lo peor de la crisis económica, toca ahora revitalizar la oferta operística

Una representación de Demon, en el Liceu, este año.

Una representación de Demon, en el Liceu, este año. / MAITE CRUZ

Pasar del 'Salvem el Liceu' al 'Gaudim el Liceu', en afortunado juego de palabras de Salvador Alemany, presidente de la Fundación del Liceu, requerirá de Valentí Oviedo, el nuevo director general del teatro, un ingente trabajo. El objetivo es muy ambicioso: que Barcelona disponga de un gran coliseo a la altura del deseo de los melómanos. La realidad hoy está muy alejada del sueño: desde un punto de vista presupuestario el Liceu se ha estabilizado (gracias a la austeridad presupuestaria y a que as administraciones cumplen ahora con sus obligaciones estatutarias) pero el precio a a pagar ha sido un descenso de la calidad del templo operístico. El reto de Oviedo, una vez se ha logrado dejar atrás una etapa funesta, es que el rearme económico (el presupuesto de este año es de 46,5 millones de euros) lleve aparejado una oferta operística a la altura de lo que demandan los liceístas.

La crisis del Liceu no fue tan solo económica. De la mano de la debacle económica que dejó al teatro al borde de la suspensión de pagos, hubo una crisis artística, simbolizada con la fuga de talento al Teatro Real de Madrid o a la Ópera Nacional de París. Tras la renovación de la orquesta toca afrontar los deberes pendientes y apostar por un programa que combine riesgo y calidad y que haga que Barcelona pueda presumir de una oferta operística de primer orden. Todo ello dentro del tejido social y educativo de la ciudad. Ojalá el lema se haga realidad y Barcelona pueda disfrutar de su Liceu.

Temas: Ópera Liceu

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