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ANÁLISIS

¿Qué hacemos con este partido?

Jordi Puntí

Si usted es aficionado del Barça y se hace la misma pregunta que encabeza estas líneas, seguro que ha anticipado la respuesta corta: ganarlo, hay que ganarlo. Y disfrutarlo. La respuesta larga, sin embargo, exige otra aproximación. De entrada, con las cifras en la mano, diremos que ningún resultado, por malo que sea, podría alterar la evidencia de haber ganado el título de liga.

Fijémonos además en la última década, el Barça se ha llevado siete ligas y seis copas del Rey --un dominio apabullante-- por dos y dos del Real Madrid. Si además añadimos los últimos diez años de Champions, vemos que los dos clubes cuentan tres títulos. En este contexto, la próxima final de Kiev, entre Real Madrid y Liverpool no debería servir para inclinar la balanza de la excelencia. Pero luego está la vida interior del barcelonismo, tan complicada.

Así  las cosas, más allá de las estadísticas, si nos ponemos metafísicos y pasionales, estaremos de acuerdo en que también hay razones para que este domingo por la noche el Barça busque la victoria del clásico y la ofrezca a su afición. Se trata sobre todo de ganar para certificar el estado de gracia con que derrotó al Sevilla en la Copa, hace dos semanas. Pero también como una forma de dar prestigio a la Liga, de honrar al torneo con su mejor versión futbolística, lejos de las frivolidades de un partido vagamente amistoso...

El control del relato

Sucede que en los últimos años, más por conveniencia que por convicción, desde el Real Madrid se ha impuesto un relato del éxito que magnifica la Champions y por contraste reduce casi a la anécdota los títulos de liga y ya no digamos de Copa. El trofeo de la regularidad, que siempre había sido la columna vertebral de la temporada, se ha vuelto para ellos un menú diario de cantina, algo que hay que digerir para alimentarse, pero lo que cuenta es el banquete final.

El error de parte del barcelonismo del Barça es haberse creído esta narrativa de 'best-seller', que da más importancia a un final de impacto que a una trama bien construida, capítulo a capítulo, con sus fases (frases) memorables, sus golpes de efecto y un intento notable de ofrecer un estilo vistoso.

En este contexto de rivalidad histórica y de control del relato, hay otro detalle que no se puede obviar: al Barça le interesa el desgaste emocional de los blancos de cara a la final de Champions. Ante el once de Zidane, los azulgranas deberían jugar como un homenaje a su propio estilo. De tal forma que ni siquiera pueda servir de banco de pruebas para enfrentarse al Liverpool de Klopp, tan distinto en su propuesta de juego.

De hecho, al Barça le sirve como inspiración el partido de la primera vuelta en el Bernabéu, y vale la pena convocar aquí la jugada colectiva del primer gol. Recordémoslo. Minuto 53. Busquets recupera un balón en la línea defensiva. Le hace tres quiebros a Kroos, tres, y se lo quita de encima para pasarla a Iniesta, quien avanza vertical y sin oposición hasta el área rival, abre a la derecha para Sergi Roberto, quien centra para que Suárez remate a la primera y es gol. Y todo parece muy fácil. 

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