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Mirador

Queda un mes para formar gobierno en Catalunya o ir a elecciones y no se ve ni rastro de que se esté negociando una investidura

He perdido la cuenta de todos los libros sobre el procés que serán las estrellas de este Sant Jordi. He leído solo algunos porque no he dado abasto. Hay una gran necesidad de entender lo que hemos vivido y muchos de sus protagonistas tienen gran necesidad de explicarse. Son actas levantadas con urgencia, les sobra impulsividad y les falta perspectiva, el final sigue abierto.

Queda un mes para formar gobierno en Catalunya o ir a nuevas elecciones. Nadie dice querer nuevas elecciones, ni Carles Puigdemont. Por decir, incluso advierten de que nuevas elecciones serían un fracaso y un desastre, pero los hechos desmienten las palabras. No veo ni rastro de que se esté negociando una investidura posible ni un gobierno. JuntsxCat  reivindica que tienen derecho a administrar sus tiempos y parece que eso significa dejar que pase.

Oriol Junqueras desde la cárcel pide acabar con las “gesticulaciones”, y eso suena a enmienda a la totalidad a toda la política que se está haciendo. Si “Decir la verdad siempre es revolucionario”, cómo sentenciaba Gramsci, aquí no hemos hecho ninguna revolución ni estamos en ello. No dice la verdad ni el Tato. Gesticula el PNV cuando pone como condición para aprobar los Presupuestos Generales del Estado (PGE) que se acabe con el 155 en Catalunya. Se han pillado los dedos. Al PNV le interesa que se apruebe los PGE y de paso les convienen darle oxigeno a Rajoy para que resista el acoso de Ciudadanos.

Muchas cosas están cambiando ante la posibilidad que la alternancia a Rajoy sea un gobierno de Albert Rivera y C’s, por eso el PNV hace la finta de descartar una enmienda a la totalidad a los PGE, lo que permite al PP ganar tiempo mientras Puigdemont lo sigue perdiendo. Gesticula Rajoy cuando recibe en Moncloa a Susana Díaz, la némesis de Pedro Sánchez, y le promete revisar antes del verano la financiación autonómica, otro frente que se abre para el nonato gobierno catalán. Sánchez que gesticula y hace en general poco, entre el seguidismo y el oportunismo se está desdibujando. Gesticula Cristina Cifuentes cuando denuncia a la Fiscalía la Ciudad de la Justicia de Esperanza Aguirre, esa que la oposición se ha hartado de criticar y que ahora la presidenta zombi delata en su agonía. Gesticulan en Podemos cuando “salvan” la candidatura en Madrid de un sumiso Errejón, tocado y casi hundido por la conspiración autofiltrada de Bescansa para acabar con Iglesias.

Que fueran a por Cristina y cayera Carolina, puede ser una pillada de dedos o que alguien haya mordido un anzuelo. Ante tanta gesticulación, la lectura de la actualidad suele ser conspiranoica. Y cómo llamar a lo del juez Llarena y Montoro. Uno empeñado en procesar al Govern por malversación y el otro en negarlo, so pena de que Hacienda se vea también en el banquillo de los acusados.

Algún día se tendrá que empezar a gobernar y salir de esta serie de Netflix en la que se ha convertido la política española y que parece salida de la mente desquiciada de un guionista autónomo con contrato precario. Será una buena ficción, pero una mala realidad.

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