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AL CONTRATAQUE

Cifuentes, este miércoles, ante el pleno de la Asamblea de Madrid.

DAVID CASTRO

Cuestiones peregrinas

Cristina Pardo

La líder del PP en Madrid ha dilapidado el capital más importante que tienen los representantes públicos: la credibilidad

El presidente del Gobierno se refirió otra vez al misterioso caso del máster de Cifuentes en la clausura de la convención del PP. Lo hizo de pasada, medio de tapadillo, dejando meridianamente clara la opinión que le merece toda esa polémica. Fue el pasado domingo, en Sevilla, cuando Rajoy reprochó a la oposición que se ocupe de "cuestiones peregrinas", frente a las cuestiones que él considera importantes, como el empleo.

El presidente siempre ha presumido de ir “a la mayor”. Todo lo demás, son temas menores. Pero Rajoy se equivoca de cabo a rabo. Claro que es más grave, por ejemplo, robar dinero público y llevártelo a Suiza, que engordar el currículum. Por supuesto que es más importante crear empleo de calidad, que el hecho de que un político se garantice un trabajo para el futuro con un curso fraudulento. El problema es que el escándalo que afecta a Cifuentes no es ya si dice tener un máster que no tiene. Lo imperdonable es la mentira reiterada. Sobre todo, si viene aliñada con grandes dosis de soberbia. 

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La Presidenta de la Comunidad de Madrid eligió desaparecer y después eligió mentir para ver si sonaba la flauta y conseguía sobrevivir. Y por último, eligió mantener esa mentira en el tiempo, esperando que sus compañeros del PP reforzaran sus coartadas por ser ella quien es. Ahora, Cifuentes ha quedado sepultada bajo un auténtico lodazal. No solo no la creen en Génova, sino que muchos ni siquiera consideran que estemos ante una cuestión peregrina. Y además, Ciudadanos ya está esperando su cabeza y tiene todas las de ganar.

Mentira y destrucción

Pero aun en el hipotético caso de que la alumna Cifuentes consiguiera milagrosamente quitarse de encima el espantajo del máster, no puede levantar cabeza. Políticamente, está muerta, aunque todavía no lo sepa. Y mira que va siendo hora... Porque la líder del PP en Madrid ha dilapidado el capital más importante que tienen los representantes públicos: la credibilidad. Cifuentes no iba mal encaminada. Gracias al hundimiento de sus predecesores, ella había conseguido presentarse ante la gente, en mi opinión con excesivo postureo, como la pulcra, la exigente, la política con pasado, pero sin pasado, y la máxima representación ética del mundo mundial.

Ahora, ya no le queda nada de eso. La mentira flagrante y sostenida el tiempo es un arma de destrucción masiva de la autoridad moral. Y el creador de la misma suele ser el último en enterarse. Es innegable que Ciudadanos está intentando sacar de esto un rédito electoral, que al menos le hará mantenerse en las encuestas en unos niveles desmesurados. Pero el problema que afecta a Cifuentes no es una cuestión peregrina. Lo peregrino es que Rajoy minusvalore la mentira.

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