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CIENCIA

Enfermedades olvidadas

Manel Esteller

Hemos de hablar de las dolencias poco habituales para que estén en la agenda de los gestores económicos y sociales

En nuestra sociedad occidental vivimos, y morimos, pensando en enfermedades como el cáncer, el alzhéimer o el infarto, pero esta no es la situación en la que se encuentra una buena parte de la población del planeta. Muchas personas sufren enfermedades asociadas con la desnutrición, la deshidratación, las malas condiciones higiénicas y un alto riesgo de infecciones por agentes patógenos. Esta gente, que antes llamábamos el tercer mundo, también se encuentra entre nosotros: ese 'cuarto mundo' se da en la entrada de los cajeros, en los padres que tienen que enviar a su hijo a la escuela sin desayunar,en la familia que malvive de un trabajo no declarado o en la persona sin papeles a la que se priva de la cobertura sanitaria universal.

Sufren todos enfermedades que nos parecen lejanas o de otras épocas pretéritas. Pero, en el fondo nadie está seguro, como lo demuestra el injustamente encarcelado 'conseller' de Interior de la Generalitat, Joaquim Forn, que ha dado recientemente positivo para la prueba de la tuberculina, indicando que ha estado en contacto con la bacteria responsable de la tuberculosis.

El descubrimiento de Robert Koch

Hoy quiero hablar de dos de estas enfermedades de las que habitualmente no nos hacemos eco, pero sobre las que se investiga de forma muy activa en Catalunya. Primero os hablaré de la citada tuberculosis. La enfermedad es causada por la bacteria 'Mycobacterium tuberculosis', también llamado bacilo de Koch, en honor del médico alemán que lo descubrió el 24 de marzo de 1882. Robert Koch recibió el Nobel de Fisiología y Medicina en 1905 por este hallazgo. Casi un tercio de la población mundial ha estado en contacto con esta bacteria, pero solo el 5% desarrolla la enfermedad. Esta se caracteriza principalmente por la afectación pulmonar, pero otros órganos pueden resultar también afectados.

Los síntomas pueden ser bastante inespecíficos e incluyen fiebre, escalofríos, pérdida de apetito, sudores y cansancio. Tan solo cuando la enfermedad avanza más, la persona puede esputar o toser sangre, como le pasaba a la pobre Dama de las Camelias, en la novela de Alejandro Dumas hijo, quien lo hacía tímidamente sobre su pañuelito. Los tratamientos han cambiado mucho desde aquellas fechas y hemos pasado de balnearios para tísicos a los antibióticos. No obstante, la bacteria suele ser bastante resistente y muchas veces se necesitan dos antibióticos (como la isoniazida y la rifampicina) durante meses. En la Unidad de Tuberculosis Experimental, dirigida por Pere Joan Cardona del Instituto de Investigación Germans Trias i Pujol de Badalona, se investigan no solo nueve tratamientos contra la enfermedad, sino también formas de prevenirla como una vacuna. Puede ser muy útil en zonas endémicas para la enfermedad como la India.

Otra patología donde la participación de la investigación catalana está siendo destacada es la enfermedad de Pian. Es causada por otra bacteria, la 'Treponema pallidum pertenue', y se da en áreas tropicales de África, Asia, Latinoamérica y el Pacífico. La mayoría de afectados son niños menores de 15 años. Aparece en forma de un bulto (papiloma), lleno de bacterias que pueden ulcerarse, y puede contagiar a otras personas en ausencia de terapia.

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La enfermedad puede evolucionar afectando a los huesos. ¿El drama añadido de la misma? El pian se puede curar con una dosis oral única de un antibiótico, la azitromicina, que pese a ser barato no es adecuadamente financiado en los países donde la enfermedad es común. El doctor Oriol Mitjà, del Instituto de Salud Global de Barcelona, ​​ha sido uno de los principales impulsores de este tratamiento, trabajando principalmente con afectados de Papúa Nueva Guinea. Un ejemplo de una enfermedad que puede desaparecer si llega el dinero necesario.

En espera de la inversión pública

Dos ejemplos, pero la lista de enfermedades olvidadas es extensa. Desde el paludismo a la enfermedad de Chagas, pasando por la lepra, la rabia, la leishmaniasis, la esquistosomiasis, la filariasis o el tracoma. No nos acordemos solo de ellas cuando afecten a un turista. Hablemos porque si no lo hacemos, al igual que sucede con las enfermedades raras, pues no existen y no figuran en las agendas de los gestores económicos y sociales.

Y mientras esperamos la inversión pública, menos mal que fundaciones como la Bill & Melinda Gates Foundation o la Fundació Bancària la Caixa ayudan donde no llega la voluntad política. No podemos simplemente lavarnos las manos como Poncio Pilatos.

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