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ANÁLISIS

Es momento de pensar en desembarrancar la situación y de evitar que el independentismo tenga dos carceleros: España y la estética

Turull pronunciaba su discurso a desgana, leyéndolo prácticamente sin levantar la vista del papel. El desenlace de la sesión de investidura ya estaba escrito porque la CUP había anunciado, poco antes de empezar el pleno, que se abstendría y, por tanto, él no podía ser presidente de la Generalitat.

La convocatoria había llegado con una precipitación marcada por las acciones del juez Llarena que, fruto de una extrañísima casualidad, había convocado a declarar a Turull –junto con Rovira, Romeva, Forcadell, Bassa y Rull- precisamente cuando JxCat ERC se habían vuelto a poner de acuerdo respecto al candidato a la presidencia.  Ya son muchas casualidades judiciales que siempre van en sintonía, también por una carambola, con los intereses del Gobierno español y en contra de la voluntad de la mayoría democrática en Catalunya. Pero la de ayer habría sido una buena oportunidad para poner la Moncloa y los poderes del Estado delante de la Constitución que enarbolan como si se tratara de las tablas de la Ley que recibió Moisés en el Sinaí. 

Pleno legal

El pleno de ayer era completamente legal desde cualquier de los puntos de vista y no se podía poner en duda el resultado de una votación afirmativa. Leyendo los argumentos habituales del juez, siempre mezclados con política y valoraciones de intenciones, de supuestas reiteraciones delictivas en unos crímenes que nadie ha demostrado que se hayan cometido, y fijándonos en las valoraciones de la fiscalía que considera un atenuante gestos estrictamente políticos como renunciar a una acta de diputado, lo que sí que es posible que pase es que el intento de investidura de ayer sea utilizado como un agravante en la persecución contra los representantes catalanes.

Sabiendo todo el mundo que lo político se está utilizando en lo penal tiene más valor que nunca el papel de Turull, que quiso dar un paso adelante a pesar de ser consciente que el día después este hecho le podía suponer graves problemas. Un esfuerzo que resultó fútil y si la jornada de hoy termina en prisión preventiva la de ayer tendrá un regusto todavía más amargo.

Mala fe

Y ahora que ya ha quedado más que demostrada la mala fe de los que controlan las estructuras estatales y cuando todo el mundo ya se ha dado cuenta de que la mayoría parlamentaria ha visto vetados dos candidatos, es momento de pensar en desembarrancar la situación y de evitar que el independentismo tenga dos carceleros: España y la estética. No solo porque gran parte de la ciudadanía empieza a estar fatigada con esta espiral, sino porqué mientras tanto el gobierno de la Generalitat continua usurpado y, como dice la máxima de Joan Fuster, “toda política que no hagamos nosotros será hecha contra nosotros”. La incógnita está en si el desbloqueo pasará por un cambio en el sentido de voto de la CUP o bien por la renuncia al acta de los diputados de Bruselas. Si pasara lo segundo, paradójicamente, Puigdemont se habría tenido que apartar condicionado por los que reivindican “Puigdemont o Puigdemont”.

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