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Comercio y tecnología punta

Llega Amazon Go, el supermercado del futuro.

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Que no nos hablen de la cola

Liliana Arroyo

AmazonGo es sinónimo de entrar, coger y salir. Sin esperas y sin sacar el monedero del bolsillo

Existe una especie de paraíso donde encuentras lo imposible y lo imaginable. Donde la compra no te pesa y casi gastas sin darte cuenta. Esto que parece tan simple, es en realidad resultado de grandes inversiones, altas dosis de innovación y muchos estudios sobre comportamiento y consumo. Se combina con una fórmula mágica y clave en la economía digital, donde el ganador se lo lleva todo. Busca el producto que quieras en Google, sin duda la primera opción será un 'link' a Amazon.

La cuestión es que la filosofía es ideal para quien compra, pero es un infierno para fabricantes y proveedores. Han logrado poner a consumidores en el centro, arreglando todo en favor de la conveniencia y la comodidad. Se habla poco de lo que eso supone para la competitividad, de la cantidad de intermediarios asfixiados y de las condiciones que imponen. Si no quieres vender en Amazon, lo tendrás mal. Pero según cómo es peor subyugarte al gigante. Y cuántas sobremesas terminan en el callejón sin salida de la conveniencia: es más cómodo, más fácil, más barato.

'Simplemente sal'

Estos son justamente los reclamos que han usado para presentar el primer supermercado físico: AmazonGo. Todo el protagonismo de la tienda que han abierto en Seattle se lo lleva la tecnología 'Just Walk Out' ('Simplemente sal'). AmazonGo es sinónimo de entrar, coger y salir. Sin colas y sin sacar el monedero del bolsillo. Está claro que a nadie le gusta esperar, la impaciencia nos puede y la comodidad nos gana.

Los estantes y las neveras están repletos de sensores que miden cada movimiento

Lo fascinante es que nos hablen de las colas cuando en realidad es un laboratorio tecnológico. El truco está en el móvil, abres la aplicación al entrar y recibes la factura a los cinco minutos de salir. Saben lo que has comprado porque la tienda, los estantes y las neveras están repletos de sensores que miden cada movimiento. Puedes coger un producto, devolverlo a su sitio o dejarlo en otro rincón, y no te lo van a cobrar. No es magia: es una especie de sistema nervioso de alta percepción (sensores y cámaras) y con un cerebro superpotente que detecta, analiza y aprende de todos y cada uno de los movimientos. Los empleados salen de las cajas ausentes para dedicarse a reponer género y atender a los clientes. Los precios son del nivel Amazon, baratísimos. Y los productos son básicamente comida envasada lista para tomar o para preparar en pocos minutos. Con o sin cajas, este experimento nos da pistas sobre el súper del futuro. La integración de la tecnología y la computación convierten la compra en un auténtico paseo.

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Podremos olvidarnos el monedero pero no el móvil. Y me pregunto qué pasaría si Amazon llegara a convertirse en la cadena de supermercados más grande del mundo. Podemos esperar el escañado de productores y proveedores, por supuesto, pero también productos sin precio, porque, me lo invento, haciendo una foto al producto un algoritmo decidiría qué te va a costar el litro de leche según el historial de compras o tus ahorros en el banco. Lo que viene es inédito, así que no nos hablen de la cola.

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