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AL CONTRATAQUE

Asténico perdido

Jordi Évole

Los pensionistas, abuelos, abuelas, madres y padres vuelven a darnos una lección. Otra.

Me pasa desde hace años, pero creo que nunca se había adelantado tanto. Cuando llega la primavera, me convierto en un asténico primaveral, un síntoma que según la Wikipedia etimológicamente procede del griego: α [a] "carecer", y σθένος [sthénos] "fuerza", "poder". Provoca varios trastornos, como una sensación generalizada de cansancio, fatiga, debilidad física y psíquica; con principal incidencia entre las personas de 20 a 50 años, y mayor preponderancia en las mujeres que en los hombres.

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Pues así ando, asténico perdido. “Con ganas de nada menos de ti” como decía Sabina en su canción “Nos sobran los motivos”. Igual es que me sobran los motivos para que la astenia haya llegado aunque la primavera se haga la remolona, y permita nieves y fríos en cotas bajas a estas alturas de mes de marzo. La cosa es que el que anda por cotas bajas es mi ánimo. Todo me cansa, y muchas de las cosas que hasta hace poco me apasionaban ahora me aburren.

Me aburre el espectáculo de la formación de gobierno en Catalunya, las disputas entre los independentistas que en otro momento hubiesen hecho las delicias de un no independentista. Me aburre que nadie dé su brazo a torcer, mientras se esfuerzan en retorcer una hoja de ruta que nunca fue unitaria pero que ahora parece un libro de 'Elige tu propia aventura'. Me aburren las elecciones de la Assamblea Nacional de Catalunya. El gran motor de la movilización popular en Catalunya que ahora parece gripado. Tanta gente esperando recibir ese SMS de la ANC para saber qué hacer ante las grandes (y abundantes) jornadas históricas 'indepes', y que ahora ven las miserias internas de la organización. Creo que el pueblo ilusionado no se merecía este espectáculo (y lo dice uno que nunca estuvo ilusionado por la causa, pero que vio mucha gente a su alrededor que sí lo estuvo).

Me aburre el debate hipócrita de la prisión permanente revisable, con políticos que discutían desde el atril del Congreso mientras los familiares de las víctimas se lo miraban en directo desde la tribuna de invitados. En una semana donde la crónica negra se ha apoderado hasta de los programas rosas, me aburre el debate sobre el tratamiento mediático de la muerte de Gabriel. Otra vez lo mismo que con Diana Quer, lo mismo que con Marta del Castillo, y así podríamos llegar hasta Alcàsser o Puerto Hurraco. No es que quiera ser corporativista, pero si yo tuviese que hacer un programa diario de tres horas, les aseguro que no sabría hacerlo mejor. Igual tendríamos que pactar entre todos los que nos dedicamos a esto unas normas para no volver a tener que escuchar las mismas críticas.

Y mientras la primavera se hace esperar, y la astenia se atrinchera, hay algo que me saca del aburrimiento. Esa marea de pensionistas, nuestros padres, nuestras madres, nuestros abuelos, nuestras abuelas que no tienen tiempo ni para astenias, ni para primaveras, ni para aburrirse y que vuelven a darnos una lección. Otra.

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