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ANÁLISIS

Miles de personas participan en la marcha por la Avenida 9 de julio, en Buenos Aires, el 21 de febrero.

EFE / DAVID FERNÁNDEZ

Una protesta masiva y transversal

Antoni Traveria

La protesta social masiva ha vuelto a llenar las principales arterias que cruzan la avenida más ancha del mundo. La 9 de julio registró la concentración más significativa contra las políticas económicas del Gobierno de Mauricio Macri. Lo peor para el presidente es que los cientos de miles de personas movilizadas no pertenecían tan solo a los vigorosos sindicatos y gremios de trabajadores, a partidos políticos de izquierda o a las bases peronistas del kirchnerismo, lo peor es que miles de ellas habían depositado su voto por Macri cuando alcanzó la presidencia argentina en segunda vuelta, el 22 de noviembre del 2015, liderando la coalición política de Cambiemos, incluyendo a los radicales y a peronistas contrarios a Cristina Fernández de Kirchner. A pesar del pésimo candidato presentado entonces por el kirchnerismo, Mauricio Macri logró vencer a Daniel Scioli por una muy discreta diferencia de 600.000 sufragios.

Desde el inicio de su mandato, el empresario que cumplió su sueño de llegar a la cima de la responsabilidad institucional y política, no ha tendido la mano a sus adversarios -también es cierto que la mayoría de los que lo consiguen tampoco tienen actitudes demasiado distintas a las mantenidas por Macri- pero no ha cuidado el significativo escepticismo con el que fue recibido; ni tampoco ha sabido o querido cautivar a aquellos sectores del electorado que votaron por Macri para evitar la continuidad del ciclo de doce años de poder kirchnerista.

En esta especie de ensayo general de lo que podría ser en marzo una convocatoria de huelga general, los camioneros del siempre desafiante y controvertido camionero Hugo Moyano -kirchnerista de primera hora, jugador equilibrista con distintos sectores peronistas, con unos con otros o con varios al mismo tiempo, llegaría a ser tan repudiado que incluso fue capaz, sin rubor alguno, de dar un salto al vacío para abrazarse con dirigentes del macrismo; y ahora, intentar capitalizar y liderar la oposición en la calle contra el Gobierno-.

Las decisiones políticas y económicas mantenidas por Mauricio Macri han supuesto un cierto regreso al cauce de un sistema neoliberal parecido en demasiados aspectos al desarrollado, en otro contexto nacional e internacional, por Carlos Saúl Ménem. En estos poco más de dos años los sectores asalariados han perdido poder adquisitivo, la inflación se ha vuelto a descontrolar, los precios de productos básicos no son asequibles para una gran parte de la población, la moneda se subió por las nubes mientras miles de personas han sido despedidas tanto en el sector público como en el privado. La imagen de un Gobierno con mayoría de empresarios en origen, amigos personales del presidente, genera en la creativa ironía porteña cientos de chistes cruzados en las activas redes sociales.

Y ante esta masiva movilización en cierto modo transversal el aviso para navegantes no es precisamente conciliador. Habla Macri de comportamientos mafiosos, de chantajes y de extorsiones, en un intento por deslegitimar a los convocantes. El protagonismo de la protesta ha vuelto a las calles de Argentina y parece que para instalarse.