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Cultura moderna

La versión guiri del ser humano moderno se basa en que todo debe ser consumido rápidamente

Hace unos días viajé en tren entre León y Valladolid. En ese trayecto conocí a Günter, un alemán de Múnich de vacaciones por España. Viajaba solo, con una maleta enorme y una libreta donde anotaba todas y cada una de las ciudades visitadas. Eché un vistazo a la lista: Madrid, Sevilla, Granada, Málaga, Toledo, Barcelona, Tarragona, Cuenca, Salamanca. Se dirigía a Santiago de Compostela (él decía «Compostelo») y aún preveía visitar Oviedo y Gijón antes de regresar a su país justo a tiempo de incorporarse a su trabajo a las ocho del lunes siguiente. Todo en diez días. «Es mi manera de viajar: un buen hotel, solo unas horas en cada sitio ¡y al siguiente! Así no me aburro», me dijo.

En Barcelona se alojó en el Hotel Colón. Vio la Catedral -su fachada principal queda justo enfrente-, pero solo desde fuera. Paseó un poco por el Barri Gótic, fue al Palau Blaugrana, bajó por la Rambla y olisqueó el mar. «¿Viste algo de Gaudí?», pregunté. Su respuesta, demoledora: «¿De quién?». Decidí cambiar el rumbo de la conversación y preguntarle por la comida. La comida nunca falla. Bernard Shaw decía que era nuestro amor más auténtico. Günter me contó muy satisfecho que había probado «una 'paela'» en la Rambla. Y el arroz le evocó un jamón que probó en un tablao de Málaga y acabó alabándome las bondades de cierto espectáculo flamenco.

Han pasado unos días, pero sigo pensando en Günter. En su modo de ser la 'versión guiri' del ser humano moderno: todo lo quiere rápido. Métodos de idiomas rápidos, platos de rápida preparación, emociones rápidas, ciudades que aparecen y desaparecen a un ritmo frenético. Viaja como ve la tele, como consulta las redes sociales.

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Me pregunto qué habrá contado Günter al llegar a Múnich. Qué recordará. A cuántas personas le enseñará, muy ufano, la misma lista demencial de ciudades que me mostró a mí y cuántos le envidiarán. Tal vez su nostalgia será también rápida, exprés. Günter tal vez se permita cinco segundos de nostalgia auténtica antes de pasar a lo siguiente.

Temas: Turismo

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