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ANÁLISIS

Ajustar cuentas

Carmen Juan

Esto no se ha acabado y Carles Puigdemont no volverá a casa; ahora mismo tengo estas dos certezas, pero son las únicas de tengo. El 'metaprocés' muta con una facilidad y demuestra una resistencia que ni el virus de la gripe, así que es difícil saber que pasará mañana. Tampoco te puedes fiar de lo que te dicen, ya que se ha demostrado que es mucho más importante lo que se callan o lo que discuten a puerta cerrada. En este clima de desconfianza crecen las conspiraciones, como la que apunta a que los mensajes de Puigdemont a Toni Comín no fueran una pillada en toda regla: Que si la posición del cogote de Comín, que si los mensajes llevaban rato enviados…Quizá nunca sepamos el cómo de esa grabación, pero sí sabemos que ha provocado una nueva oleada de adhesiones a Puigdemont que se presentaba como víctima de una operación urdida en Moncloa y sacrificado por sus 'amienemigos' de ERC, de ahí mi certeza de que esto no se ha acabado y que el ajuste de cuentas va para largo.


Puigdemont no va a volver, ya lo dijo él, entre ser "presidiario o presidente prefiero ser presidente"; pero sin la coartada del cargo, Puigdemont, que es periodista, sabe que no valdría ni un titular, de ahí su empecinamiento en ser 'president' por la vía de apremio sin que ofrezca al país nada más que su legitimidad. Muchos se han felicitado porque Puigdemont confiese en privado, aunque lo atribuya a un bajón, que "esto se ha acabado", pero me produce el mismo escepticismo que cuando se envió a Artur Mas a la papelera de la historia y se logró el efecto contrario, darle al 'procés' mayor impulso.

Puigdemont no podrá ser investido, pero puede bloquear la situación e incluso forzar nuevas elecciones, que nadie quiere. Quizá por eso, Oriol Junqueras desde la cárcel ha vuelto sobre la idea de una bicefalia con un 'president' simbólico y otro efectivo. Menudo marrón al que le toque tener que gobernar con el “legítimo 'president'” proyectando desde Bélgica su sombra alargada y sintiendo en la nuca el aliento de la justicia española.


La pugna entre los postconvergentes y ERC por hacerse con la hegemonía política del catalanismo, ya no es soterrada. Nadie quiere quedar como cobarde y sobre todo como traidor o antipatriota. Esa dura competencia no se entendería sin los dos millones de votos, inasequibles al desaliento que siguen mostrando músculo en la calle, convencidos de que las improvisaciones de sus líderes son astutas estrategias. Mientras esto no se entienda, o no se quiera abordar, el 'procés' o como se llame ahora, seguirá reventando las costuras del Estado dejando sus vergüenzas al aire, comprometiendo a sus instituciones y paralizando su política, como una bomba de racimo que a cada explosión destroza lo que toca. Pero para que eso pase, la política debería dejar de ser en un pulso entre partidos alfa por lograr 'sorpassos', ERC frente a JuntsxCat, Cs frente al PP o Podemos frente al Psoe. Con el fin del bipartidismo se perdió la centralidad, y arrinconados en los extremos no se tejen consensos. Como ven, esto va para largo.

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