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IDEAS

Nada se opone a la muerte

Jenn Díaz

Delphine de Vigan ha escrito la novela más difícil: la que habla de su madre, de la historia familiar que hay tras su madre, y lo más complejo de todo, de lo que queda tras su muerte. La primera dificultad es superar el duelo en la escritura, tomar distancia. La segunda dificultad es el peligro de querer ser demasiado fiel a la realidad, o que la ficción se imponga. Y la tercera, la más peligrosa: no ofender a aquellos familiares que aún están vivos. Nada se opone a la noche es un libro delicado, íntimo en su medida, y con una estructura literaria que nos ayuda a acompañar a la autora en el proceso de creación.

Ya en las primeras páginas se cuestiona lo principal: ¿con qué derecho? ¿Qué se habría creído —se pregunta—, que podría contar la infancia de su madre a través de una narración objetiva? ¿Donde no llega la realidad, las memorias o los recuerdos... debe llegar la literatura? ¿Los vacíos y los saltos de tiempo le dan riqueza a la historia o hay que llenarlos aunque no se desconozca el contexto? Delphine de Vigan intenta acercarse a su madre, al dolor de su madre, a la muerte de su madre, atrayéndola hacia su escritura. Se da cuenta enseguida que no, en realidad no es una necesidad: lo que necesita es escribir, y rodeada de duelo y más duelo, no puede obedecer a otro dictado que al de su madre.

¿El creador es un impostor?

¿Está su madre, aun así, en la Lucile del libro? ¿Tiene derecho su familia a exigir verosimilitud? ¿Es el creador un usurpador, un impostor, un irresponsable? ¿Puede la autora afrontar la escritura de un libro tan complejo teniendo en cuenta los sentimientos de los hermanos de su madre, sus tíos, o debe escribir con total libertad? Delphine de Vigan ha escrito el libro que muchos querríamos escribir, y lo ha hecho con la libertad con la que muchos querríamos abordar nuestros propios tabúes familiares. Algunos nos pasamos la vida escribiendo alrededor de un tema, rodeándolo hasta la extenuación, por pudor, esperando agazapados a que llegue nuestro momento. ¿Es la muerte de nuestros seres queridos el primer silencio que nos empuja hacia la escritura de un libro así? ¿'Nada se opone a la noche', y tantos otros libros, se habrían siquiera escrito sin la muerte de sus protagonistas? Ya no podremos saberlo. 

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