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EL 'CASO PALAU'

Fèlix Millet y Jordi Montull, en el juicio del caso Palau, el 1 de marzo del 2017.

VIOLETA GUMÀ (ACN)

El crepúsculo de los dioses

Carmen Juan

Las confesiones de Millet y Montull sobre el cobro de comisiones son estrategias procesales para reducir la condena de unos vulgares ladrones

Hace algunos años, Andreu Farràs y Pere Cullell publicaron 'L’Oasi català. Un recorregut per les bones famílies de Barcelona', donde no podía faltar un capítulo dedicado a los Millet, padre e hijo. Se cita en el libro al propio Félix Millet Tusell con la que podría ser una definición bastante precisa del famoso oasis: "Somos unas cuatrocientas personas que nos encontramos en todas partes y siempre somos los mismos. Nos encontramos en el Palau, en el Liceo… Hay un núcleo familiar y coincidimos siempre, siendo o no parientes". En ese oasis vivían felices los Millet, los Pujol, los Maragall, los Carulla, los Godó, los Guardans, los Cendrós…

No voy a mencionar a los 400, pero tengan por seguro que todos sus apellidos les suenan porque siempre han tocado poder. Farràs y Cullell tienen el detalle de añadir en su libro todos los cargos de la sociedad civil catalana que ostentaba Millet, y un extracto de la lista de invitados a la boda de su hija -sí, esas bodas en las que él ponía gratis el Palau y le pasaba la factura al consuegro-, donde se puede apreciar lo que es el "todo Barcelona". Solo conociendo esa estrecha relación entre todos ellos, ese formar parte de todos los círculos de influencia y poder catalanes, nos podemos hacer una idea de lo que ha supuesto el 'caso Palau', del que por fin este lunes tendremos sentencia, en la sociedad y la política catalana. 

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Saqueo de una institución cultural

Se trata del saqueo de una institución cultural, las auditorias lo cifran en 35 millones de euros, con una trama de corrupción política para financiar ilegalmente al partido que ha gobernado largamente en Catalunya y que intenta seguir gobernando, aunque haya cambiado varias veces de nombre y haya mutado su catalanismo de toda la vida por un independentismo desaforado.

El 'caso Palau' llegó a la política catalana como el sonido al cine mudo y marcó el crepúsculo de los dioses. El proceso ha sido largo16 acusados, entre ellos los autores confesos del saqueo, Millet y Montull115 testimonios, más de 60.000 folios de instrucción, cuatro meses de juicio y ocho más para conocer la sentencia, a dos días de la constitución del nuevo Parlament y pocos días después de la renuncia de Artur Mas a la presidencia del PEDeCat. ¿Tiene alguna relación con la sentencia este último movimiento de Mas? ¿Hubiera sido una bomba conocer la sentencia en campaña electoral?

Codicia y cinismo

Sin duda, el 'caso Palau' sobrevuela muchas de las cosas que han pasado en la política catalana recientemente, aunque Mas crea que el caso ya ha sido amortizado políticamente con la desaparición de CDC y que las confesiones de Millet y Montull sobre el cobro de comisiones son estrategias procesales para reducir la condena de unos vulgares ladrones, por más que fueran la flor y nata de la burguesía catalana. Diga lo que diga la sentencia, Millet y Montull describen ya con sus apellidos una codicia superlativa y un cinismo impúdico que ha chapoteado durante años en una charca que pensábamos que era un oasis, con el silencio cómplice de muchas ranas.