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ANÁLISIS

Una aficionada rusa, ante la sede del COI en Lausana.

JEAN-CHRISTOPHE BOTT (AP)

Y el fútbol como si nada

Sergi López-Egea

Rusia, acusada de dopaje, no podrá ir como país a los JJOO mientras organiza el Mundial futbolístico

Rusia está golpeada por el dopaje hasta las cejas. Cualquier alfombra que se levante demuestra que los grandes éxitos conseguidos por los deportistas de aquel país están, cuanto menos, marcados por la sospecha. Un buen grupo de representantes rusos no pudo acudir a los Juegos de Río que se celebraron el año pasado. La IAAF (Federación Internacional de atletismo) vetó la presencia de atletas rusos en el Mundial celebrado en agosto y ahora la bandera de Rusia, al menos hasta la ceremonia de clausura, no podrá exhibirse en los Juegos Olímpicos de invierno que se celebrarán en febrero en Pyeongchang, Corea del Sur.

A esta cita olímpica, si el TAS (Tribunal de Arbitraje Deportivo) no solventa las recursos de los afectados, solo unos cuantos deportistas rusos podrán competir de forma individual. No habrá boicot del país porque así lo ha decidido, de forma acertada, el presidente Vladimir Puttin.

Hasta aquí todo perfecto, pero lo que sí resulta al menos extraño es que nadie cuestione a un país, manchado totalmente por el uso de sustancias prohibidas y acusado de dopaje de Estado, de organizar un evento de tamaña importancia como es un Mundial de fútbol.

Sospechas en el fútbol

En el informe McLaren que destapó el dopaje masivo en Rusia figuraban también futbolistas y hubo, además, denuncias de que la selección rusa que acudió a la Copa del Mundo disputada en Brasil (2014) pudo haber hecho uso de productos ilegales. 

Como suele ser tradicional, el fútbol mira hacia otro lado y hasta se recogen declaraciones del responsable del deporte ruso, Vitali Mutko, diciendo que "el dopaje en el fútbol no sirve para nada". Pues sí que sirve. Porque, entre otras cosas, una 'ayuda' posibilita correr con la misma energía en el minuto 90 que en el 1.  Pero no es nada nuevo. En 1998, mientras se perseguía justamente a los ciclistas por ir dopados al Tour, nadie cuestionó a la selección francesa que consiguió el Mundial en París, pese a unas cuantas denuncias.
 

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