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AL CONTRATAQUE

Manera de decir adiós

Najat El Hachmi

Es comprensible que Patricia Garbancho no dijera nada, a lo mejor es que no quería que la enfermedad suplantara su personalidad

Rosa organizó su propio funeral. El huevo que incubaba, según llamaba a la enfermedad Maria Mercè Marçal, se había reavivado con fuerza pero esta vez decidió contarlo solo a personas muy cercanas. De modo que nos invitó a despedirla habiendo dispuesto quién hablaría de ella, la música que recordaríamos siempre en su último adiós. Una mujer de voz prodigiosa cantó 'Adiós ríos, adiós fontes' de Rosalía de Castro y claro, si ya estábamos tiernos por la pérdida, la canción escogida nos acabó de derretir. Fue raro porque la ceremonia estaba tan marcada con su sello que se nos hizo más presente que nunca y nos dio la impresión de que aparecería en cualquier momento. Su vitalidad se impuso a la inevitable.

Patricia Gabancho la conocía desde hacía años. Como formábamos parte de un selecto grupo de escritores catalanes no nacidos en Catalunya, coincidíamos a menudo en mesas redondas y charlas junto a Matthew Tree y Monika Zgustova. Había visto a Patricia más de una vez en los últimos meses y no me contó que estuviera enferma, y por lo que parece no se lo contó a casi nadie. Ahora pienso en aquel día en que le hice una broma sobre no sé qué tema, en que ella ya sabía cuál era su pronóstico. O en esa otra ocasión en que participó en una tertulia como siempre, también lo hacía con la muerte mordiéndola, pero nadie se lo podía imaginar. 

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Su despedida ha sido como un portazo, como el signo de interrogación del que hablaba Sabina. Tiene que ser terrible ir por el mundo como si nada, disimulando la verdad que te atenaza. Aunque también es comprensible que Patricia no dijera nada. A lo mejor es que no quería que la enfermedad suplantara su personalidad, que de repente no habláramos más que de la fatalidad inevitable y dejáramos de escucharla o leerla a ella sin el fin inminente condicionándolo todo.

Ni sentido ni lógica

Patricia hizo exactamente lo contrario que Carles Capdevila y otras personas conocidas que hacen pública su enfermedad, puede que en un intento desesperado de exorcizar el mal, puede que con la esperanza de que el calor de la gente y sus mensajes de ánimo puedan ralentizar la enfermedad. Releyendo los últimos artículos que publicó Montserrat Roig, recopilados en el volumen 'Un pensament de sal, un pessic de pebre' sorprende descubrir que no hay ni una sola mención a su estado de salud.

La muerte no tiene sentido ni lógica, ni todos los conocimientos del mundo nos sirven para entenderla. En todos los casos citados cada cual escogió formas distintas de encararla. El amparo de la gente puede ser reconfortante, pero convertirte en la dolencia que padeces no tiene que ser fácil. Lo que haríamos cada uno de nosotros en este caso, no lo sabemos. Es el tipo de cosas sobre las que no se puede opinar hasta que las vives. 

Temas: Escritores

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