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LIBERTAD CONDICIONAL

Por qué culpamos a la víctima

Lucía Etxebarria

Hablaba yo ayer con una periodista que me dijo que había visto el sumario del 'caso La Manada' y que decía que ella estaba segura de que la chica «se había inventado todo». Me soprendió porque el periodista Luis Rendueles había visto también el sumario y su opinión era completamente diferente. Él dijo que lo que se veía en los vídeos era «repugante». 

¿Qué razones que pueden llevar a una mujer informada y culta a creer que una chica joven puede desear tener sexo con cinco desconocidos, en una relación en la que ella debe estar controlada y sometida, sin poder siquiera abrir los ojos o emitir palabra, dejando que le tiren del pelo o que le abran la boca? 

Pues son varias.

La primera, nuestra cultura del porno. Ese porno brutal, sexista, que está en tu ordenador de forma gratuita, a golpe de clic. La última vez que ese tipo de porno se coló en mi pantalla sin que yo lo buscara fue cuando intenté comprarme un liguero vía internet. Lo cuento como ejemplo de lo omnipresente que es. En ese tipo de porno es normal ver imágenes de mujeres penetradas a través de todos sus orificios por varios hombres que se jalean los unos a los otros. Mujeres siempre pasivas, que se dejan hacer como marionetas. Y ese tipo de porno crea un imaginario colectivo que hace pensar que a las mujeres esas escenas les gustan, que las buscan.

Ese tipo de porno cosifica a las mujeres. Se las percibe como cosas sin iniciativa, sin palabras, sin emociones, sin sentimientos. Y por eso a una víctima no se la reconoce como tal. Porque no es una persona, sino una cosa que no siente.

Después está el mecanismo de «ilusión de invulnerabilidad», que se deriva de la acción de culpar a la víctima. Si lo haces crees que la víctima tiene algún tipo de responsabilidad y control en lo que pasó y que por lo tanto a ti no te pasará. La chica iba sola y borracha de noche, se paró a hablar con desconocidos... O sea, se lo buscaba. Pero yo no hago eso, jamás salgo sin acompañante, y no bebo. Por lo tanto no me va a pasar. 

¿Cuál es la línea divisoria entre una violación y un acto sexual con alguien que va tan borracha como para no poner resistencia?

Quien piensa así olvida que muchas, la gran mayoría, de las violaciones no suceden en la calle ni el agresor es desconocido. No sabe que ella también puede ser violada, cualquier día de estos, por un amigo que vaya a su casa, por una pareja o expareja. Y que si a una chica que ha sido violada por cinco desconocidos en un portal no la han creído, jamás la creerán a ella. Porque solo era un hombre, porque era de día, porque era en su casa, porque ella le invitó a pasar.

La chica que duda del testimonio de la víctima puede ser mañana otra víctima. Una cifra. Una cifra más en ese 90% o 95% de mujeres que no denuncian su violación, porque saben que nadie creería su testimonio. 

Hace tres años, en Málaga, lo que en principio era una acusación por violación se convirtió en un procedimiento por denuncia falsa. Hubo muchas zonas de sombra en la historia. Los perjudicados renunciaron expresamente a la indemnización. ¿Por qué renunciaron a una indemnización que podría ser millonaria, dada la relevancia mediática que tuvo el caso? Fue sorprendente también que, siendo la media de intervalo denuncia- juicio en este país de casi un año, el juicio por denuncia falsa se tramitara de manera exprés. Se publicó que había un acuerdo entre las partes. 
La historia suena de nuevo a «culpemos a la víctima». Como hay fotos de ella con los chicos, como iba borracha, y como no se resistió a la agresión, no la violaron. Olvidando que ninguna mujer se resiste a una agresión si la perpetran cinco hombres, porque está en peligro su vida. Y que el hecho de que fuera borracha o se sacara fotos no prueba que quisiera sexo.

Pero, ¿cuál es la línea divisoria entre una violación y un acto sexual con una persona que va tan borracha como para no oponer resistencia? ? ¿Cuál es la línea divisoria entre «follar con una mujer,  grabarla sin que ella lo autorice, difundir las imágenes sin su consentimiento, robarle el bolso y el móvil y, por último, dejarla sola y a su suerte en un  descampado» y una violación?

Pues  la línea divisoria es el momento en que alguien te dice: si no firmas este acuerdo, te va a tocar pagar una indemnización altísima, porque nadie te va a creer. 

Porque la gente siempre culpa a la víctima. 
 

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