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Al contrataque

Es curioso como cambia nuestra percepción de una persona cuando decide dar el salto a la política

Me he pasado toda la semana al lado del teléfono. Pegadito a él. Esperando una llamada. Incluso alguna vez lo he descolgado para ver si había línea, como cuando esperaba la llamada de aquella chica que me gustaba. Esta vez la llamada tampoco ha llegado. Ni un solo partido del arco parlamentario catalán ha pensado en mí para engrosar sus listas. Ni uno. No es que no me hayan ofrecido ir en un lugar destacado de la lista. No. Es que no me han ofrecido ni cerrarla simbólicamente, ni ir de la mitad para abajo. Nada. Por no ofrecerme no me han ofrecido ni ir de suplente. Menuda cura de humildad. No soy nadie.

Y mira que tengo un perfil parecido al de algunos a los que sí han llamado. Por ejemplo, pronuncié en el concierto a favor de la acogida de refugiados un discurso tan crítico como el que pronunció Ruben Wagensberg. Pero a mí algunos de sus compañeros de lista me pusieron a parir y a él le han llamado para ir en los puestos destacados de ERC. Molta sort, Ruben.

También he hecho programas de cierto compromiso social como los que ha hecho Jaume Barberà. Pero a él lo llaman para ocupar un lugar simbólico... Molta sort, Jaume.

Es verdad que nunca he dirigido una emisora como RAC1, pero he sido invitado muchas veces a sus programas. Pero ni por esas me han hecho un hueco en la lista del president, con la ilusión que me hacía compartir papeleta con Salvador CardúsMolta sort, Eduard.

Tampoco he sido seleccionador de natación sincronizada. De hecho soy muy malo nadando. Pero rezo para que Anna Tarrés salga elegida y se encargue de las coreografías del nuevo Parlament. La nueva legislatura puede ser todavía mas teatral que la anterior. Y mira que parece difícil.

Es verdad que tampoco he militado nunca en Unió, y eso te quita puntos. Aunque es curioso como te critican por haber sido de Unió y acabar en las listas del PSC y que poco te critican por haber sido de Unió y acabar en otras listas. Las cosas de este pequeño país.

Un salto criticado

A pesar de mi frustración por no haber recibido ni una sola oferta para ir en una lista electoral, me he divertido viendo cómo estábamos pendientes de ver quiénes eran los elegidos para inmediatamente criticarles. Es curioso cómo cambia nuestra percepción de una persona cuando decide dar el salto a la política. "Si ya te lo decía yo…", "se le veía el plumero…", "a saber lo que busca…", "venga, otro más a vivir del cuento…". Automáticamente marcamos a esa persona a fuego.

¿Qué tipo de política queremos si los que deciden meterse en ese berenjenal pasan a ser sospechosos inmediatamente? Pues desde aquí toda mi admiración a los que esta vez (o en anteriores ocasiones) han decidido dar ese salto. Saben que se van a complicar la vida. Que les van a mirar con lupa. Bravo por vuestra valentía. Yo nunca lo haría… bueno nunca, sobre todo si no me llaman. Mucha suerte para todos.       

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