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ANÁLISIS

El Barça de los falsos 10+1

Antonio Bigatá

Hay tres características interesantes en las alineaciones de Ernesto Valverde. La primera, la asimetría de su plan de juego: no tiene nada que ver en posiciones lo que elabora el equipo cuando opera por la derecha o por la izquierda. La función de Jordi Alba es distinta a la de sus compañeros de la banda derecha. La segunda característica, los grupos diferentes con que organiza al equipo en los momentos de defender y los de atacar: cambian en número de miembros, en hombres, en estructura de las líneas y en los sistemas preferenciales de apoyo entre determinados jugadores.

Pero me parece particularmente llamativa la tercera característica: la composición de las alineaciones iniciales en función del juego previsible de los rivales. Valverde no es uno de esos entrenadores prepotentes que alardean de que sus equipos no deben adaptarse a los contrarios y que en todo caso son ellos, los enemigos, quienes deben subordinarse a lo que hace el Barça olvidando sus propios patrones de juego.

Valverde no es de esos entrenadores prepotentes que alardean de que sus equipos no tratan de adaptarse a los contrarios

Valverde hace las alineaciones a partir de dos grupos de futbolistas en torno a un 10+1. Los diez son los fijos, los que empiezan a recitar de carrerilla los seguidores como en todas las etapas legendarias. Pero esos diez titulares en realidad son 14 para ocupar diez puestos. En la derecha de la defensa se turnan de forma casi fija Semedo y el habitual en esta u otra posición Sergi Roberto. Además pueden considerarse como miembros de ese paquete de diez titulares el siempre excelente Mascherano, el muy habitual Paulinho e incluso el siempre cumplidor Digne. Esas diez titularidades se las reparten 14 futbolistas.

Cinco para uno

Es más complejo lo del 11º jugador. Valverde ha hecho desfilar, quizás como probaturas, quizá como factor para desorientar a los entrenadores rivales, uno después de otro, a DeulofeuAleix VidalAndré GómesDenis Suárez Paco Alcácer, de quien lo menos que puede decirse es que reventó las previsiones organizativas de la defensa del Sevilla en el último partido. El jugador que hace el número 11 sale escogido de una rotación entre esos cinco. Por eso aludía a los falsos 10+1.

La gran vocación del equipo es construir más que destruir y eso en el fútbol a veces tiene premio

El actual Barça, todavía en rodaje, todavía con discontinuidades preocupantes en su juego, todavía con muchas dificultades a la hora de rematar pese a que marque tantos goles, tiene la gran virtud de la eficacia defensiva que consigue el gran momento de Ter Stegen (subsanando cada partido tres o cuatro descoordinaciones imperdonables de sus compañeros de zaga). Pese a eso, la gran vocación del equipo es construir más que destruir. Eso en fútbol a veces tiene premio.

El ejemplo de Maffeo

Daré un ejemplo. Esa gran ilusión catalana que es la presencia del Girona en Primera lo vivió con algo muy indicativo. Me refiero a la decisión de Pablo Machín de sacrificar al siempre destacado Pablo Maffeo (20 años, miembro de las brigadas internacionales aportadas por el Manchester City de Guardiola para apuntalar su guerra de España) persiguiendo con el ánimo destructivo de un supermarcaje individual a Messi por todo el campo. El Girona perdió el partido con el Barça. Más adelante, liberando a Maffeo a para crear y atacar con toda su potencia el día del Madrid, el Girona ganó. Sería injusto decir que la derrota y la victoria se debieron únicamente a eso, porque el resto del equipo fue también determinante en ambos encuentros también y la calidad de los dos rivales no era homogénea, pero este jugador retrató dos filosofías del juego y, ¡qué bien!, con la mejor se ganó. Yo llamo "mejor" a la opción de intentar ganar jugando a construir fútbol. Lo que es, volviendo al principio de esta reflexión, lo que está intentando hacer este año el Barça con ese complicado 10 + 1.

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