04 abr 2020

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Enseñanza y política

Un grupo de alumnos durante una clase en una escuela de Barcelona.

FERRAN NADEU (ARCHIVO)

El PP y el adoctrinamiento

Jaume Trilla

Cuando en las escuelas catalanas se tratan cuestiones controvertidas de carácter político, religioso, ideológico o moral, salvo excepciones se hace respetando las distintas opciones existentes


En el Partido Popular suelen ver adoctrinamiento en todas partes menos donde efectivamente lo hay. Ahora, junto a Ciudadanos, se están llenado la boca con falacias tan enormes como la de que en la mayoría de las escuelas públicas catalanas a los niños se les educa para odiar España --García Albiol dixit--.

De hecho, en el Estado español pueden practicarse, legalmente, dos tipos de adoctrinamiento en las escuelas: uno que habría que restringir, pero que el PP siempre ha apoyado incondicionalmente; y otro que debería estar más presente en las escuelas, y que si no lo está es en buena parte por culpa del PP.

Religión católica, una asignatura confesional

El primero de estos adoctrinamientos es el que se produce por medio de la asignatura confesional de Religión Católica. Una materia que es adoctrinadora por su propia naturaleza, pero que pagamos todos los ciudadanos por medio de los impuestos, independientemente de si somos católicos, budistas, musulmanes, ateos, agnósticos... Una asignatura tan peculiar que quienes la imparten, aunque cobren del erario público, son designados por los obispos y, por tanto, pueden ser despedidos por motivos tan arbitrarios como el hecho de divorciarse. El carácter inequívocamente adoctrinador de esta asignatura lo demuestra un currículo que establece como uno de los criterios de evaluación “reconocer y aceptar la necesidad de un Salvador para ser feliz”. Eso dice, entre otras muchas cosas del mismo estilo, el programa de Religión Católica para la Educación Primaria y Secundaria que la Conferencia Episcopal dictó al Boletín Oficial del Estado (2015) por medio del Ministerio de Educación del PP.

El inefable ministro Wert 

Un partido que no solo ha apoyado siempre el adoctrinamiento católico en las escuelas, sino que se ha dedicado a poner trabas a otra clase de adoctrinamiento: el único que en los centros educativos debería ser legal; y no solo legal sino obligatorio. Los valores que en todas las escuelas deberían aprenderse y practicarse son los propios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Unos valores que han estar presentes en la propia vida de la escuela, pero que disponían también, hasta no hace mucho, de un espacio propio y específico para cultivarse. Me refiero, por supuesto, a la asignatura de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, que el PP combatió con uñas y dientes hasta conseguir sustituirla por una degradada Educación Cívica y Constitucional. Lo hizo el inefable ministo Wert mediante la LOMCE; o sea, ley de educación más reaccionaria de todas las habidas en España durante la democracia.

Rajoy amparó la desobediencia de la ley 

Los populares y los obispos atacaban la asignatura de Educación para la Ciudadanía y los Derecho Humanos ya que era, según su opinión,  adoctrinadora por el hecho de que en ella se podía hablar, por ejemplo, de los derechos de las personas homosexuales (contraer matrimonio, adoptar) o de la interrupción del embarazo en determinados supuestos. Derechos legalmente reconocidos en la legislación española, pero que la jerarquía católica y el PP creen que ni forman parte de los Deerechos Humanos ni deberían haber sido legalizados. Vean algunos de los titulares de prensa de aquellos años: Los obispos batallarán sin tregua contra la asignatura de Ciudadanía (2007), La vida de los santos inspirará Educación para la Ciudadanía en colegios católicos (2007), La homofobia no se explica bajo los gobiernos del PP (2008), Más de un centenar de alumnos sigue boicoteando Ciudadanía. Siete autonomías registran aún casos de insumisos a pesar del fallo del Supremo (2009), Rajoy ampara sin ambages la desobediencia a Educación para la Ciudadanía (2008), El PP elimina Ciudadanía para dar satisfacción al sector ultracatólico(2012),La nueva Educación para la Ciudadanía, sin ‘igualdad’, ‘sexismo’ o ‘racismo’ (2012),El Consejo de Estado pide a Wert que mantenga las asignatura de Ciudadanía (2013)… Lo peligrosas que son las hemerotecas: un PP desoyendo fallos del Tribunal Supremo o recomendaciones del Consejo de Estado, y el propio Rajoy amparando la desobediencia a una ley.

¿Odio en algunas escuelas?

Como el que suscribe no sabe, ni puede saber, qué es lo que ocurre en el interior de cada una de las aulas, tiene que admitir la posibilidad de que alguien haya podido tratar de inculcar el odio a España en alguna escuela de Catalunya; como alguien en alguna escuela española quizá habrá querido adoctrinar en el odio a Catalunya. También se sabe de casos de adoctrinamiento escolar flagrante que al PP, por lo visto, no le han preocupado mucho, bien sea por estar él mismo involucrado en ellos o bien para no indisponerse con la jerarquía católica: como el de un profesor, miembro del Opus Dei, que aseguraba a sus alumnos que la homosexualidad "es una dolencia que tiene cura" (1994); o el de un manual de ética para la ESO que comparaba el aborto con el Holocausto (2008); o el de aquella profesora que iba a clase con una camiseta --adquirida en una manifestación convocada por el PP en contra del entonces presidente Zapatero-- y que llevaba estampado el lema HB+ZP=HP (2007).

Profesionalidad del profesorado

A pesar de estos notorios ejemplos de adoctrinamiento escolar (y de otros que podrían aducirse), uno tiende a pensar que en realidad son la excepción de lo que ocurre en nuestras escuelas. Al fin y al cabo, si han sido noticia es justamente por su excepcionalidad. Y como uno confía mucho en la profesionalidad y buen hacer de la inmensa mayoría de nuestro profesorado, sabe que cuando en las escuelas se tratan cuestiones controvertidas de carácter político, religioso, ideológico o moral, salvo excepciones como las citadas, se hace respetando las distintas opciones existentes, sin ninguna intención adoctrinadora, evitando cualquier clase de manipulación y protegiendo siempre la libertad de conciencia de los alumnos. O sea, de una forma seguramente mucho más pluralista, respetuosa, neutral, objetiva y sosegada que la que estos días se puede observar en ciertas instancias (altas y bajas) del poder político, judicial, económico y mediático. Algunas de las escuelas injuriadas por los señores del PP y de Ciudadanos quizá podrían darles a ellos lecciones de ciudadanía, capacidad de diálogo y democracia.