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Reconocer al 'otro' en un nosotros

Albert Sáez

Este martes confío más que nunca en mis conciudadanos que respetan y se respetan, que son mentalmente europeos

Aunque atípica, la manifestación del 8-O era justa y necesaria. Habitualmente se manifiesta el que reivindica, el que promueve un nuevo orden. Pero, contagiado por la estrategia de PuigdemontRajoy ha llevado las cosas también al límite, y quienes le ven como el garante del orden establecido -sean banqueros o ciudadanos- se han visto abocados a defender sus intereses por ellos mismos, porque el presidente del Gobierno de España siempre se esconde: tras los jueces, tras la policía y ahora también tras los manifestantes. Lo importante en este momento es mantener la cabeza fría, las provocaciones y las intoxicaciones están al orden del día. Se empieza a hablar de un "ellos" mientras se proclama que en el "nosotros" cabemos todos, sea aquí o allí. Y eso no lleva a ninguna parte, ni para defender a un Estado, ni para construir una república ni para pedir diálogo. 

De manera que quienes siempre hemos expresado respeto por los manifestantes a favor de la independencia haremos lo propio con los que llenaron pacíficamente las calles de Barcelona este domingo. Porque no se habían fumado ningún porro, ni les habían comido el coco en sus escuelas, ni estaban abducidos por los medios de comunicación que consumen, ni mucho menos era filonazis cazando indepes en la vigilia de la noche de los cristales rotos. Los manifestantes del domingo eran gente de la calle, movidos por sus ideas y pos sus sentimientos, tan nobles y tan respetables como los que marcharon el sábado en la plaza Sant Jaume y como los que salieron por la Diada. De hecho, ellos se respetan mucho más entre sí que la mayoría de sus dirigentes o representantes -se llamen Casado o Llach- entre otras cosas porque viven, trabajan y sueñan juntos cada día en las calles de su ciudad. Y la mayoría -por no decir  todos- reconocen al "otro" en algún "nosotros", sin necesidad de descalificarse mútuamente llamándose súbditos o racistas, eso lo dejan para los que malviven de dar discursos sin sentido.

No sabemos lo que harán este martes los que mandan, aquí y allí. Pero personalmente sigo confiando en mis conciudadanos, en los que llevan años manifestándose y en los que empezaron a hacerlo este domingo. Son gente que respetan y se respetan y que en nada se parecen a sus respectivas "jaurías digitales". Solo necesitan que los profetas de las mil tempestades los dejen un rato tranquilos. Ni unos están dispuestos a cualquier cosa para defender lo que consideran mejor para el país ni los otros van a justificar cualquier barbaridad por defender lo que desean. Basta ya de atizar los fantasmas históricos. Ni Puigdemont es Companys, ni Rajoy es Franco. Son europeos del siglo XXI y, como dijo George Steiner, el continente no es un espacio geográfico sino una mentalidad, fruto entre otras cosas de las experiencias acumuladas. Solo los irresponsables se escudan en lo irremediable porque no se atreven a salirse de la propia manada o aspiran a dirigirla. Europa empieza y termina, dijo Steiner, donde la gente se reúne en los cafés. Que se tomen un café los que piensan diferente, que se reconozan unos a otros en el nosotros, como mínimo, en el europeo. 

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