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NEGARÉ QUE LO HE ESCRITO

Cuando el silencio es lo que más conviene eso es que hace tiempo que se ha roto la paz. Cuando el silencio es impuesto por uno mismo, eso es que hace tiempo que las palabras dejaron de servir. Andamos todos a la fuga de conversaciones que nos provoquen todavía más malestar. Erosionada la piel fina que ya no lucíamos, ha llegado la ausencia de piel, ya que simplemente ni está. Andamos hartos de que nos pregunten cosas que no sabemos ni tendríamos por qué saber. Aunque francamente, detrás de cada "oye, y tú ¿cómo lo ves?" yo percibo una necesidad de compartir angustias y ansiedades más que la intención de encontrar respuestas de verdad.

Por eso, creo que nos estamos convirtiendo todos en nuevos refugiados que poco nada tienen que ver con el drama de seres humanos expulsados de su país por un conflicto armado o de cualquier tipo, esos de los que aquí ya nadie habla porque parecen desplazados incluso de la actualidad. Pero sí que estoy percibiendo la necesidad, cada vez mayor, de refugiarse de ciertas conversaciones, de ciertas opiniones, de ciertos discursos. Huyendo del conflicto. Buscando la paz.

Hay que buscarse refugios. Hay que tenerlos identificados. Disponibles. A mano. Para algunos puede que signifique la estrategia del avestruz y un acto irresponsable. Meter la cabeza bajo la manta y así negar la existencia del monstruo, como lo llama Daniel Solana. Sin embargo, para mí es necesario y hasta obligatorio un búnker ideológico, político y metafórico en el que sepas que por más que te bombardeen, allí sobrevivirás. Un lugar en el que las cosas importen menos que las personas. Un lugar en el que no todo pueda ser histórico y crucial. Lo insano es estar todo el día abonado al conflicto, a la ansiedad, a la incertidumbre y al desasosiego que presenciamos todos los días a nuestro alrededor. Porque si no, al final vamos a morirnos todos de intensidad.

Sí, ya sé que esto parece un llamamiento al pensamiento frívolo. Puede ser. Pero para mí significa todo lo contrario. Es volver a ser conscientes del largo plazo, de que las cosas realmente vitales son las que dejamos entrar en casa y de que, como ya nos contaba Milena Busquets, también esto pasará. Aunque no sea cierto del todo. Para bien o para mal, da igual. Samuel Taylor Coleridge hablaba de una necesaria suspensión voluntaria de la incredulidad. Ahora que lo pienso, este artículo me lo tendría que haber patrocinado Kit Kat. Tarde. Como siempre. En fin.

Curioso que el dinero haya sido el primero en pedir asilo político. Ahí lo tienen, buscando su propio refugio. Ese está siendo el otro referéndum

Curioso que el dinero haya sido el primero en pedir asilo político. Ahí lo tienen, buscando su propio refugio. Para mí ése está siendo el otro referéndum. Sin urnas. Sin papeletas. Sin observadores internacionales ni cargas policiales. Y aún así, éste es mucho menos democrático que los demás. Porque es cierto que cada cual tiene su dinero donde le sale del moño. Al menos de momento. Pero lo que no se cumple es eso de una persona, un voto. Ni el sufragio universal. En estas elecciones, si eres el que más tienes, votas más.

De cualquier modo, el dinero no ha sido el único. Afortunadamente. Familias de todo tipo y condición están decidiendo crear espacios libres de política, liberar las sobremesas de ese incómodo ingrediente, como si se tratase del humo del siglo XXI, un humo que le puede hacer salir tosiendo a más de uno y que, como el otro humo, también nos puede matar. Esto podría llegar a suponer la muerte de algunos grupos de Whatsapp. Ojalá.

Hay amigos que ya no hablan 'de eso' porque 'de eso' es mejor no hablar. Hay cuñados que se han limitado a hablar del tiempo que hará. Y hay amantes que se han dedicado solamente a eso, a amar. Porque quererse es la única manera de estar callado en la que no comunicas menos, sino más.

Otro refugio muy conveniente es apagar las cosas. Hace unos días, escuché una brillante frase de Steve Wozniak: "Lo único que no debes enseñarle a una máquina es que tú la puedes apagar". Pues eso. Que hay que apagar de vez en cuando el móvil. La tele. El ordenador. Las redes sociales. De tanto ruido. De tanta última hora. De tanta actualidad.

A mí me sirve de mucho estar con los que más quiero... y hacerles reír. Ya, ya sé que cuesta creerme en 'modo clown', pero a veces, hasta lo consigo. Y ojo que no lo hago por ellos. Como buen ególatra, lo hago por mí. Porque su risa –o en su defecto, la sonrisa, que es su versión 'low cost'– me recarga las baterías. Por eso, cuando alguno de mis 'haters' me llama payaso, yo siempre pienso, "gracias, pero no sabes cuánto". Si veo a un ser querido abatido, triste y preocupado como lo estamos todos, suelto tonterías a cada cual más bestia, que eso –como todo el mundo sabe– se me da muy bien. Y no paro hasta que veo que estiran la boca.

Mi última ocurrencia consiste en decirles a todos que esto sólo lo puede desencallar Leo Messi. Me lo imagino declarando en rueda de prensa que con la independencia él se iría del Barça, y ya verías cómo la DUI dura lo que dura el minuto 17 en el Camp Nou cuando, acto seguido de iniciarse, alguien crea peligro en cualquier área, ya sea en la nuestra o en la del rival.

Ves, ya lo he vuelto a hacer. Seguro que hay gente que se molesta con este último comentario, que si no tengo ni idea, que si qué me he creído, que si es que no aprendo. En fin, que me vuelvo a mi caverna, perdón, madriguera. A hibernar, como los osos.

No caerá esa breva. Nah.
 

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