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NÓMADAS Y VIAJANTES

México lindo y querido

Ramón Lobo

El terremoto del martes nos descubrió un México lleno de coraje que se echó a las calles desde el primer minuto para socorrer a las víctimas. Se formaron cadenas humanas que se pasaban los cascotes de mano en mano. Miles de mensajes circularon por las redes sociales solicitando ayudas concretas o dirigiendo los voluntarios. Hay un México no siempre visible rebosante de energía. Unos cantaban, otros daban vivas a su país o avituallaban a los expertos en el rescate de personas. No es la primera vez, sucedió también en 1985.

Compramos un discurso sobre la pobreza congénita en África, el radicalismo de los yihadistas, el chauvinismo de los franceses o la vaguería de los españoles, todo el día de fiesta. Existe una narrativa que es blanca y anglosajona para explicar el mundo, para decidir quiénes son los buenos y quiénes son los malos.

Chimamanda Ngozi Adichie no tiene nada que ver con México; bueno, tal vez un poco. Es una destacada escritora nigeriana que dictó en 2009 una brillante conferencia titulada "El peligro de la historia única", que es de obligada visión; la pueden encontrar en Internet. Sostiene que la historia única crea estereotipos y que "el problema con los estereotipos no es que sean falsos sino que son incompletos".

Ella había comprado esos estereotipos respecto a los mexicanos cuando vivió en EEUU, "gente que saqueaba el sistema de salud, escabulléndose por la frontera". Al visitar la feria literaria de Guadalajara le sorprendió verlos como personas, gentes que ríen, beben y comen.

Los estereotipos deshumanizan, reducen a los pueblos a cuatros frases hechas. Los periodistas deberíamos ser portadores de otras que transmitan la complejidad de las sociedades y que defiendan la dignidad de las personas, y no unos meros propagadores de simplezas, que es la base de la política.

Los estereotipos de México son muy negativos: narcotráfico, feminicidios, políticos corruptos, inmigrantes clandestinos (drogadictos y violadores, según la aportación de Donald Trump en la campaña electoral). Tal es el peligro que EEUU necesita protegerse con un muro.

Cuando se compra la propaganda sin cuestionar una coma, somos responsables del uso que se hace de nuestro silencio: Siria, Yemen, Afganistán, Mediterráneo, torturas, cárceles secretas.

Mujeres coraje

Todo eso que se dice de México es verdad. Es cierto además que se trata de uno de los lugares más peligrosos del mundo para ser periodista. Pero faltan decenas de miles de relatos que también explican un país de casi 130 millones de habitantes. Las madres de Ayotzinapa que pelean aún por la verdad y la justicia son solo un ejemplo, la punta de un iceberg de valentía. Hay miles de mujeres que desafían al narcotráfico para proteger a sus hijos. Es un país lleno de mujeres coraje.

México no es el presidente Enrique Peña Nieto, ni el PRI, ni el PAN, ni el PRD. México son los defensores de los derechos humanos que son considerados enemigos del Estado, perseguidos y a menudo asesinados. México son las personas que se echaron a las calles tras el terremoto, los que abrieron sus casas para compartir techo. México es el que se ofreció para ayudar a Texas tras el desastre del Harvey.

Para los aztecas el rostro era la identidad. Hay muchos México, blanco, mestizo e indio que buscan en el espejo un rostro común. Donald Trump dispone de un altavoz potente, puede escupir adjetivos denigratorios que después repiten una cohorte de extremistas que le vitorean en las radios, televisiones y redes sociales.

La mayoría de los once millones de inmigrantes sin papeles en EEUU sobre los que pende la expulsión son mexicanos, como los 'dreamers' a los que les han dejado sin protección para seguir en EEUU, un país al que llegaron de niños.

Los sin papeles son los sin voz, no pueden competir contra la propaganda del miedo, como no pueden los refugiados sirios que tratan de entrar en Europa. No es necesario un terremoto para que hablemos de sus vidas en Aleppo, Homs, Hama. Para que les mostremos como personas que trabajan, van al colegio, cocinan, leen, se enamoran y tienen sueños. Es la única manera de dignificarlos. La tragedia constante, casi como espectáculo, es otro muro.

Vivimos en un mundo de frases hechas, eslóganes y estereotipos, sin tiempo para preguntar el nombre de las personas, pedirles que nos cuenten su historia, que es un poco la nuestra.

Ese México que se organiza para salvar vidas es el mismo que cruza una frontera en busca de una vida de mejor, que aspira a trabajar, a ser buenos ciudadanos. Siempre hay delincuentes, personas que se tuercen y que contaminan la imagen del colectivo. Hablamos de los pobres, claro, porque los ricos nunca dan mala imagen. El dinero lo compra todo, hasta la memoria.

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