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La declaración de Mariano Rajoy

Todo acaba en Aznar

Antón Losada

No lo dijo en voz alta pero el mensaje no pudo resonar más nítido: si quieren saber algo sobre financiación ilegal o cajas b pregunten a Lapuerta o al anterior presidente del PP

La frase clave de la declaración del testigo Mariano Rajoy fue afirmar que entre 1993 y el 2003 se ocupaba de la política y ni sabía ni debía saber sobre cuestiones económicas. En el Partido Popular son tan finos que, a lo largo de los más de 30 años que lleva como dirigente, nunca ha hablado de dinero. No lo dijo en voz alta pero el mensaje no pudo resonar más nítido en la sala: si quieren saber algo sobre financiación ilegal o cajas b, pregunten a Álvaro Lapuerta y si no al presidente del partido entonces: José María Aznar, porque todo empieza y acaba con ese señor que ahora se hace fotografías con Albert Rivera.

El siguiente movimiento en su estrategia consistió en afirmar, también con rotundidad, cómo fue precisamente él, ya como presidente del partido, quien dio la orden de dejar de contratar a Correa y sus secuaces. No se mostró tan preciso a la hora de explicarnos por qué. Todo se debió a unas sospechas sobre si estaban haciendo algo feo pero no ilegal; es el despido porque no me gusta, una categoría tan innovadora como el despido en diferido de Luis Bárcenas.

El hombre que solo se responsabiliza de la política y no atendía a la financiación y los contratos del partido fue, paradójicamente, quien despidió a la trama Gürtel porque algo no le gustaba. El hombre que solo atendía la estrategia política y no se mezclaba con los temas económicos fue, de nuevo paradójicamente, quien aconsejó a Esperanza Aguirre que averiguase qué estaba pasando en algunos ayuntamientos de Madrid; aunque luego ya no se interesó más porque él no se preocupaba de esos detalles. El principio general tenía sus excepciones: Mariano Rajoy no se ocupaba de los asuntos económicos excepto cuando le convenía y se trataba de hacer limpieza; para prácticas sospechosas y amparo a corruptos y sus corruptelas pregunten a otros.

El testigo Rajoy intentó evitar el temible "no sé" y el desprestigiado "no me acuerdo" desde el primer minuto de su testimonio. Su memoria funcionó perfectamente mientras pudo transitar por la zona de confort que le suministraron el letrado de Bárcenas, ejerciendo de su abogado defensor, las regañinas a lo Don Pantuflo del presidente de la sala y su coartada sobre su responsabilidad política y su ignorancia económica.

RECUERDOS NÍTIDOS

Los recuerdos se fueron haciendo mucho menos nítidos y más selectivos según le iban interrogando sobre los papeles y los mensaje de Bárcenas, el pago de su viaje a Canarias tras la derrota en el 2004, o la llamativa supervivencia de las empresa Gürtel en Valencia y Madrid, a pesar de las instrucciones para dejar de contratarlos. Sin embargo, nadie fue capaz de ponerle en algún aprieto que no hubiera zanjado media docena de veces antes. Rajoy pasó la prueba con su acreditada habilidad del opositor que sabe cómo preparase los temas mejor que el propio tribunal. En sede judicial ha dejado trazada una frontera de responsabilidad política entre el Partido Popular de Aznar y la Gürtel y el Partido Popular de Rajoy y el marianismo.

La declaración de Rajoy ha tenido al menos la virtud de sacar de su ensimismamiento a los partidos de la oposición. El PSOE abandonó por un momento su jaleo sobre la plurinacionalidad y Podemos dejó de discutir un rato sobre la trascendente cuestión de entrar o no en el gobierno de Castilla-La Mancha. En cuanto a Ciudadanos, también en esto se comportó como una marca blanca y ni siquiera salió su líder a hacer una valoración de rutina, porque lo importante es pasar lo antes posible este soponcio. 

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