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A pie de calle

La felicidad nunca es completa

Teresa Crespo

La gran preocupación de nuestro gobierno no es la política social y menos la ley de renta garantizada


El 12 de julio se aprobó por unanimidad la Renta Garantizada de Ciudadanía (RGC), iniciativa legislativa popular que representa un cambio en nuestro sistema de protección social. Significa el cumplimiento del artículo 24.3 del Estatut de Catalunya, que reconoce el derecho a unos ingresos mínimos, y acepta la complementariedad con otros ingresos procedentes del trabajo o de prestaciones que no alcanzan el índice de renta de suficiencia, cuyo importe actual -a la espera de una actualización desde el año 2010- es de 664 euros mensuales.

Es justo agradecer el trabajo y el esfuerzo de los promotores, el gobierno representado por la 'consellera' Dolors Bassa y los partidos que han sido capaces de alcanzar el consenso necesario para aprobar la nueva ley. Es un momento histórico en las políticas sociales porque representa un cambio de modelo en la acción social y una transformación de nuestro Estado de bienestar. La Renta Garantiza de Ciudadanía, que entrará en vigor en el próximo septiembre, puede suponer un antes y un después en la lucha contra la pobreza

ESCAÑOS VACÍOS

Sin embargo, la sesión parlamentaria del pasado día 12 no se correspondió con la valoración del acontecimiento que han hecho el propio Govern y algunos partidos políticos. En la tribuna de invitados las entidades promotoras de la ley no dejamos una silla libre, incluso algunas tuvieron que seguirlo desde una sala adyacente. En cambio, en el espacio del hemiciclo que ocupan los diputados numerosos escaños quedaron vacíos y en el banco del Govern la soledad de la 'consellera' Bassa era notoria. Gracias por su presencia, consellera.

Ante las significativas ausencias, me pregunto qué grado de prioridad otorga el Govern a la nueva ley y me preocupa su futura aplicación. Me parece una falta de respeto hacia las organizaciones y las personas que hemos luchado por esta ley -algunas de las cuales llegaron a hacer incluso una huelga de hambre- y hacia la ciudadanía que ve reconocido su derecho a disponer de unos ingresos suficientes para vivir dignamente.

PURO TEATRO

En el momento de la votación fueron apareciendo diputados y diputadas por todos lados hasta alcanzar unos 60 y ocuparon también sus escaños los miembros del gobierno, de modo que la ley se aprobó con 133 votos a favor. Esa es la realidad oficial, pero la falta de interés hacia un hecho trascendente era patente. Los aplausos, los abrazos y la foto de familia me parecieron puro teatro para unos cuantos y, de alguna manera, sentí que la emoción por haber alcanzado casi una utopía se mezclaba con el enfado y la decepción por la actitud de algunos políticos.

Se me dirá que había que resolver urgentemente otro problema: nos encontrábamos a las puertas de la segunda crisis de gobierno y las reuniones, los nombres de candidatos a consellers y las elucubraciones centraban los debates que se desarrollaban fuera del hemiciclo. 

PRIORIDADES NO SOCIALES

Los responsables políticos deben establecer sus prioridades de acuerdo con el programa de su partido y actuar en línea con sus principios y valores, y lo que desgraciadamente constaté en esta ocasión es que la preocupación dominante de nuestro gobierno no es precisamente la política social, y mucho menos la ley de renta garantizada. La prioridad no es la lucha por una sociedad más justa e igualitaria, sino intereses que pasan por otros derroteros hacia un futuro lejano y todavía incierto.

A pesar de mi desengaño, quiero manifestar la gratitud hacia políticos y ciudadanos que han convertido en realidad lo que en algunos momentos parecía imposible. Los hechos ocurridos entre bambalinas se olvidarán y lo que quedará es una ley que deberá implementarse plenamente. 
 

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