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CIENCIA

La mejora de la investigación biosanitaria

Manel Esteller

Hay que premiar a los mejores profesionales con los medios adecuados para que puedan hacer su trabajo dignamente

Mirando de cerrar cosas antes de las vacaciones, lidiando con el 'burrócrata' de turno, uno busca un poco de aire para pensar cómo mejorar la investigación de nuestro país. Y escribo en un pequeño cuaderno azul, como rescatado de los años 80, unas ideas personales que también me han comentado compañeros y colegas a los que respeto por su excelencia profesional y trayectoria personal. Ellos son más prudentes y me lo dicen, pero no lo escriben. Yo ya decidí hace años que las cosas hay que decirlas de forma directa y que uno se arrepiente más de lo que no ha hecho que de lo que ha hecho. Resumo mis notas en cuatro puntos:

1. El trabajo en los centros de investigación hospitalaria necesita dar un salto cualitativo. El cuantitativo ya lo han hecho y salen muchos descubrimientos, pero los mismos aún deben tener un mayor impacto en la salud. En este sentido deben reflejarse en la tarea reconocida internacionalmente que han el Centre de Regulació Genòmica (CRG), el Institut de Investigació Biomèdica (IRB) o el Institut de Ciències Fotòniques (ICFO) o el Barcelona Supercomputing Center (BSC). Estos son los modelos que queremos. Evitemos premiar la mediocridad y el servilismo. Un buen gestor se mide por el grado de satisfacción de los científicos de su centro, por cómo es capaz de atraer investigadores de primer orden y por los recursos económicos para la investigación que capta. El número de cenas y reuniones no computan.

El trabajo de los centros de investigación hospitalaria necesita dar un salto cualitativo

2. Hemos de proteger a los profesionales jóvenes de los centros de investigación hospitalaria. Muchas veces están sobrecargados por la asistencia clínica y no tienen tiempo de hacer investigación. Los investigadores de laboratorio necesitan a los profesionales sanitarios para entender mejor los problemas a resolver. Por lo tanto los gestores deben preservar un tiempo y un dinero para que, por ejemplo, los residentes puedan desarrollar un proyecto. Si lo hemos conseguido por los estudiantes preuniversitarios, ¿de verdad tanto cuesta permitir que profesionales de la Medicina, Farmacia o Enfermería puedan dedicar tiempo a generar nuevo conocimiento? Esta cuestión, en EEUU  hace años que la han resuelto y durante la carrera y la residencia es obligatorio hacer un trabajo experimental de investigación. No reinventemos la rueda. Sigamos los modelos que funcionan.

DEL LABORATORIO A LA EXPLOTACIÓN COMERCIAL

3. Fomentemos la formación de buenos profesionales de la transferencia tecnológica y la innovación. Esta parte tiene que ver con cómo el descubrimiento del laboratorio pasa a su explotación comercial. Si tenemos magníficos investigadores que han completado su formación en las mejores universidades y centros del mundo, uno se pregunta si algún responsable de llevar el gran conocimiento que generan estos profesionales a su desarrollo industrial o biotecnológico sabe siquiera leer y escribir. Aquí los deberes no se han hecho bien. Así se dificulta que los nuevos hallazgos lleguen a los pacientes. Necesitamos personal de transferencia de tecnología bien formado, que haya pasado años en Boston, California, Israel, Dinamarca, Holanda o Suiza. Un par de semanas de vacaciones pagadas no cuentan.

Apoyemos a quienes se plantean objetivos ambiciosos y siempre mirando hacia arriba

4. Necesitamos premiar a los mejores profesionales dándoles los medios más adecuados para hacer su trabajo dignamente. Si queremos excelencia en un área tan dinámica como la investigación biomédica, no podemos dejarlos a los pies de las fieras del circo romano: a una administración de los centros y altos directivos de los mismos más propios del siglo XIX que de la sociedad viva y en red del siglo XXI. En el ámbito de la empresa privada, pocos de estos gestores que dificultan la investigación sobrevivirían. Serían, por suerte, apartados por un puro mecanismo evolutivo. Hay quien le gusta gestionar la miseria. Ahora doy un euro a este investigador y cincuenta céntimos a la otra que me cae bien. Seamos objetivos y apoyemos a excelentes trabajadores que desde los diferentes centros se plantean objetivos ambiciosos y siempre mirando hacia arriba.

Cierro mi libreta azul y la guardo en el cajón. Supongo que debería irse de vacaciones. En el correo electrónico me llega un mensaje de un paciente que tiene a su madre con un cáncer terminal, seguido de otro que me convoca a una reunión interna totalmente inútil. Miro al cielo y no lo veo tan azul. Nos vemos en septiembre, o tal vez no. 

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