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AL CONTRATAQUE

Los cristales de Rentería

Ana Pastor

El municipio guipuzcoano, icono de cosas terribles en el pasado, tiene el reto de convertirse en el símbolo de lo que muchos desean para Euskadi

Pasear por algunas de sus calles es como hacer un viaje en el tiempo. Donde antes había pintadas amenazadoras e insultantes que nadie se atrevía a borrar, ahora encuentras muros prácticamente limpios donde parece que se quiere empezar a escribir un tiempo nuevo. Donde antes había cristales rotos tras una noche de explosiones cobardes y pedradas malditas, ahora encuentras ventanas al otro lado de las cuales se intuye y se escucha la vida de un hogar con sus rutinas a la hora de la cena. 

Las plazas donde antes veías persianas cerradas, para no ver ni sentir lo que le ocurría en la calle a otros vecinos, ahora amanecen abiertas buscando formar parte de la nueva realidad. Las campanas de la pequeña y céntrica Basílica de Santa María Magdalena ya no hacen presagiar una tormenta de miedo sino una nueva hora en la que vivir sin él. 

SIMPLEMENTE, PASEAR

Pasear por las calles de Rentería, Guipúzcoa, ya no es como hace años. El dolor de muchas familias por culpa de ETA sigue ahí. Los asesinatos y las ausencias que la banda terrorista provocó no van a desaparecer nunca. Nunca. Pero algo ha cambiado. Es insuficiente. Llega tarde. Y es sutil. Pero está ahí. 

Tengo amigos que en un pueblo como este nunca habían podido hacer algo tan sencillo como eso... pasear. Y no hace tanto de aquello. Rentería, icono de muchas cosas terribles en el pasado doloroso y reciente, tiene el reto de convertirse ahora en el símbolo de lo que muchos desean y sueñan para Euskadi

DISCULPAS TARDÍAS

Esta semana hemos visto cómo su alcalde, Julen Mendoza, de EH Bildu, organizaba un acto en memoria de tres víctimas de ETA que eran del pueblo y a las que en tantos años nunca se las había honrado públicamente: el policía local Vicente Gajate Martín y los concejales municipales José Luis Caso Cortines y Manuel Zamarreño Villoria. Allí, en el salón de plenos donde otras veces se vivieron otro tipo de escenas, hemos visto ahora los abrazos y las lágrimas de tres familias que no merecían pasar por aquello y que no deberían haber esperado tanto para escuchar algo tan humano como lo que dijo este joven alcalde: "si en algún momento este ayuntamiento a lo largo de su historia, o yo mismo, no hemos estado a la altura de las circunstancias, pido perdón por ello en nombre del ayuntamiento y en el mío propio, a la vez que digo que haremos todo lo que esté en nuestras manos para que no se vuelva a repetir". 

El alcalde contó que se ha podido llegar hasta aquí gracias a familias como las tres que protagonizaban el acto. Gracias a mujeres como Juani Nahiara, dijo, ha entendido la importancia de la empatía. Llega tarde. Pero ha llegado. Ojalá signifique algo más. 

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