07 ago 2020

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LA CARRERA AL ELÍSEO

Le Pen, sonriente, en su acto electoral en Villepinte, cerca de París, el 1 de mayo.

REUTERS / CHARLES PLATIAU

No digas nunca jamás

Rafael Vilasanjuan

Aunque Marine Le Pen no gane las elecciones en Francia, su fuerza apunta a inquietudes del pasado

Por segunda vez en la historia reciente Francia vuelve a las urnas para escoger a su próximo presidente sin que el dilema entre izquierda y derecha acabe decidiendo. En 2002 Jacques Chirac barrió a Jean Marie Le Pen, el padre de la actual candidata. En la segunda vuelta no hubo dilema entre izquierda o derecha, a Chirac, un candidato liberal conservador le votó el 80%, es decir los suyos, y aunque fuera con la nariz tapada, los socialistas, los comunistas, los sindicalistas y hasta algún incauto que no pensaba votar y que pasando por ahí intuyó que ante la posibilidad del fascismo, lo que fuera.

¿Nunca jamás? Esta es una versión 2.0 de aquella elección maldita, pero el dilema es el mismo. Por un lado el Frente Nacional de la mano de Marine Le Pen ha suavizado el discurso con el cambio de generación. Ya no niegan el holocausto alemán, solo ocultan las implicaciones que en Francia le dieron entrada, y con el fracaso de la UE y sobre todo la crisis económica mantienen un discurso ultranacionalista y xenófobo que criminaliza en función de raza, religión, o procedencia.

Cuatro de cada diez franceses pueden acabar escorando su voto hacia el fascismo incipiente. ¿Qué hace la izquierda radical contorsionando su discurso sin aclarar hacia dónde orientar el voto?

Al otro lado Emmanuel Macron, no es la sombra de Chirac. Con un programa que pesca en la socialdemocracia y en la economía liberal, se hace difícil situarlo a izquierda o derecha. Por eso la gran duda es si será capaz de aglutinar los votos que quedaron en la cesta de candidatos ahora descartados a uno y otro lado. A pesar de no tener una estructura de partido sólida, no parece que los herederos de la revolución en un país de cultura política sólida, puedan darle la espalda. Pero las encuestas no le otorgan la diferencia con la que en aquella otra ocasión los votos le dijeron a Le Pen padre, que Francia no era país para fascistas.

¿Nunca jamás? Aquellas elecciones no aparcaron el fascismo incipiente. En el mejor de los casos, cuatro de cada diez franceses pueden acabar escorando su voto hacia ahí ¿Se ha perdido la memoria? ¿Qué hace la izquierda radical contorsionando su discurso sin aclarar hacia dónde orientar el voto? En una elección en donde de nuevo aparece el pirateo informático en forma de ataque a Macron, todo acaba recordando al calvario electoral de Hillary Clinton, todavía no aclarado.

¿Nunca jamás? Las encuestas hasta hoy dan favorito a Macron, incluso con margen como para pensar que un error no cambiará el resultado. Pero, ojo, conocemos el pasado. Nadie daba vencedor a Donald Trump y ganó. Nadie pensó que el 'brexit' sería mayoritario y lo fue. Nadie creyó tampoco que Hitler llegaría al poder en Alemania y los comunistas decidieron no apoyar alternativas para evitarlo. Salvando las distancias que haga falta mirémoslo ahora de esta forma: aunque Marine Le Pen no gane, su fuerza apunta a inquietudes del pasado.

Como en todos los demás casos lo que ocurra este domingo no afecta solo a los franceses. Un eje global con Le Pen, Putin y Trump no augura nada bueno ¿Nunca jamás? Las encuestas dicen que Francia no nos dará la espalda. Pero aunque gane Macron es pronto para decirlo.