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La guerra en Oriente Próximo

Siria contiene la respiración

Eugenio García Gascón

El régimen de Asad ha cometido un error al examinar la capacidad de reacción de Donald Trump

El repunte militar que se inició el martes con el bombardeo sirio en el pueblo de Sheij Sheijun, en el distrito de Idlib, en el norte del país, y el posterior ataque de EEUU contra una base siria llegan en un momento en que justamente parecía existir una posibilidad palpable de que las relaciones entre la Administración americana y el gobierno de Damasco fueran en una buena dirección.

Solo la semana pasada, durante una visita a Turquía, el secretario de Estado, Rex Tillerson, manifestó públicamente que el futuro del presidente Bashar al Asad era una cuestión que debían decidir los sirios, apartándose de la posición tradicional de la Casa Blanca, una corrección que sorprendió a los aliados occidentales.

Si efectivamente fue la aviación siria la que arrojó armas químicas sobre Sheij Sheijun, Damasco habría cometido el error más grave de los seis años que dura el conflicto, pues se trata de un examen de la capacidad de reacción de Donald Trump, que durante la larga campaña electoral americana manifestó repetidamente que él sería presidente de Estados Unidos y no gobernador del mundo. Y la reacción ya se ha visto que ha sido fulminante.

En los últimos meses Siria ha estado consolidando su posición militar en distintos frentes. La reciente recuperación de Alepo este tras una compleja y destructiva batalla le había servido para darse un respiro, si bien la política siria ha sido la de seguir avanzando en distintos frentes donde el precario acuerdo de alto el fuego se ha tambaleado.

UNA BASE RUSA

Ahora Asad deberá contener la respiración para ver hasta dónde quiere llegar Trump tras el primer ataque. El presidente Vladimir Putin ha salido en defensa de Damasco pero se ha de tener en cuenta que Rusia únicamente dispone de una base militar en Oriente Próximo, precisamente la base naval en la ciudad de Tartús, mientras que Estados Unidos posee decenas de bases en la región. Considerando este dato, la primera conclusión es que Moscú no está interesado en un conflicto armado con Estados Unidos.

Mientras tanto, el primer ministro Benyamín Netanyahu se ha apresurado a congratular a Donald Trump por el ataque de la madrugada del viernes. Las relaciones entre los dos son más difíciles y complejas de lo que puede creerse a primera vista por sus declaraciones, pero no debe dudarse que Israel hará todo lo posible para acabar con el presidente Asad, y si eso depende de Washington, Netanyahu no se lo pensará dos veces a la hora de empujar a Trump.

AGRESIVIDAD VERBAL

Los israelís han mostrado en las últimas semanas una mayor agresividad verbal en relación con el conflicto sirio. El jefe del ejército del aire dijo en marzo que la presencia rusa en Siria está complicando las tareas de la aviación israelí que últimamente no puede ejecutar sus operaciones con la libertad que tenía antes.

Además, Israel está muy preocupado con la posibilidad de que Irán establezca una base naval en un puerto sirio, a pocos kilómetros de la costa israelí, como se ha sugerido recientemente con cierta insistencia. Por estos dos motivos Netanyahu está tratando de forzar la caída de Asad, y si para ello puede contar con la inesperada colaboración del ejército norteamericano, Trump será bienvenido.

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