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Obama dio marcha atrás en cuestión de días a la ofensiva preparada para responder al ataque de Guta

El 20 de agosto del 2012, cuando la guerra en Siria llevaba ya 17 meses, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, marcó la que iba a ser su "línera roja" para intervenir en el conflicto: el uso de armas químicas. Justo un año más tarde, el 21 de agosto del 2013, esa línera roja se cruzaba con un bombardeo con gas sarín sobre Guta, a las afueras de Damasco, imputado al régimen de Bashar el Asad. Murieron unos 1.429 personas, entre ellas más de 400 niños. Todas las miradas se volvieron hacia Obama y a su "línea roja" tan finamente dibujada.

Dos días más tarde, el presidente estadounidense confirmó que su intención de intervenir en Siria, en un ataque "limitado" y sin despliegue de tropas estadounidenses sobre el terreno. La ofensiva estaba preparada. El armamento, a punto. Pero más adelante, Obama comunicaba que esperaba a recibir la autorización del Congreso de Estados Unidos, con lo que se descartaba el ataque inmediato.

Mientras, su gran aliado británico, David Cameron, había encajado una derrota en el Parlamento. Traumatizados todavía por el fiasco de la guerra de Irak en la que les había embarcado Tony Blair, 285 diputados votaron contra una nueva aventura beliocista en Oriente Próximo mientras solo 272 lo hacían a favor.

Con rel respaldo verbal de buena pare de Occidente pero con la opinión pública estadounidense en contra, la intervención prometida por Obama nunca se produjo. El dirigente que había prometido acabar con las guerras de Irak y Afganistán se resistió a abrir un nuevo frente contra una de las piezas claves en el complicado tablero de intereses de Oriente Próximo.

 En su lugar, Washington acordó con Rusia el desmantelamiento del arsenal químico sirio bajo supervisión de la Organización de las Naciones Unidas para la Prohibición de las Armas Químicas (OIAC). El proceso empezó en octubre del 2013. A la vista de lo sucedido ahora, fue incompleto. Y Obama se acabó embarcando en la guerra, un año más tarde, y contra el Estado Islámico, sin tocar a Asad.

El símbolo de un fracaso

La promesa rota de Obama es para muchos el símbolo del fracaso estaounidense en Siria, una guerra que en marzo cumplió seis años, con sus más de 300.000 muertos, cinco millones de refugiados y ocho millones de desplazados internos. En enero, antes de dejar el cargo, Obama rememoró ese episodo en una entrevista, en la que no arrepentirse de su marcha atrás. "Fue una de las decisiones más difíciles que tomé", afirmó.

Pero esa decisión le ha perseguido siempre. Su sucesor, Trump, lo recordó el martes tras el ataque de Idleb. “El presidente Obama dijo en 2012 que fijaría una línea roja contra el uso de armas químicas y posteriormente no hizo nada”, denunció. Cogiendo a todo el mundo por sorpresa, la señal del presidente es clara. Tampoco en Siria será como Obama. Ahora, hay que ver cuál es su estrategia: si este ataque es solo un aviso o el primer capítulo de la guerra total.

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