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El último líder de Unió, Ramon Espadaler.

EFE / ALBERTO ESTÉVEZ

Unió, víctima del 'procés'

Astrid Barrio

El partido democristiano no ha podido hacerse un hueco en medio de la polarización política

La decisión de Unió Democrática de Catalunya de dar por acabada su actividad  como partido por no haber podido superar la situación de  quiebra económica
–adeuda más de 22 millones de euros–  certifica la defunción de uno de los partidos con más trayectoria de la política catalana.  Porque aunque sus últimos años hayan sido tan tormentosos como controvertidos  no hay que olvidar  que Unió ha sido testimonio y protagonista de los distintos episodios de la vida política en Catalunya en el último siglo. 

Unió se fundó en el año 1931 pocos meses después de la proclamación de la Segunda República tratando de hacer confluir en su seno diversas fracturas políticas –la religiosa,  la nacional y la social– y buscando una posición moderada en todas ellas.  Era un partido catalanista y demócrata-cristiano, una de las grandes ideologías sobre la que se construiría la Europa de posguerra y que en el conjunto de España siempre fue cosa de minorías. Su papel durante el periodo republicano fue testimonial –solo obtuvo un diputado en las elecciones al Parlament de Catalunya de 1932, Pau Romeva–, lo que evidenció ya entonces la dificultad de un partido moderado para hacerse hueco en medio de la polarización.  Con el estallido de la guerra civil sufrió persecución y muerte por parte de ambos bandos por su condición de fuerza católica y catalanista,  hasta el punto de que uno de sus principales líderes,  Manuel Carrasco i Formiguera,  fue fusilado por orden de Franco tras un juicio sumarísimo.  De ahí que Unió podría ser considerado el exponente catalán de esa tercera España de la que hablaba Salvador de Madariaga

DEMÓCRATA-CRISTIANO

Tras la guerra muchos de sus dirigentes se exiliaron, otros reemprendieron tempranamente la actividad en el interior y otros buscaron la homologación internacional participando en la fundación de las asociaciones demócrata-cristianas europeas junto al PNV.  Más adelante participó activamente en las acciones  de resistencia catalanista,  no en vano las primeras sospechas tras los Fets del Palau que entronizaron a Jordi Pujol como mito de la resistencia antifranquista recayeron en Miquel Coll i Alentorn,  destacado dirigente de Unió.  Posteriormente partició en la fundación de la Assemblea de Catalunya aun a costa de sufrir su primera gran división interna, una división que se mantuvo hasta la fundación de CDC en 1974. 

Su aspiración de jugar un papel relevante en la política española la llevaron a desmarcarse de una CDC que la quería fagocitar y a apostar por el Equipo Demócrata Cristiano del Estado Español, una iniciativa que fracasó estrepitosamente en las elecciones de 1977.   Y de ese fracaso surgió la necesidad de aliarse con CDC en CiU.  Unió afrontaba esa nueva etapa dividido y debilitado, ya que acababa de expulsar a su máximo líder Anton Cañellas, fractura que no se superó hasta la llegada de Josep Antoni Duran i Lleida a la presidencia del Comité de Gobierno a mediados de los 80 cuando el partido ya se había convertido en fuerza de gobierno.

Defender la tercera vía era una psotura legítima y coherente con la tradición histórica de Unió, alejada de los extremismos

A partir de entonces Unió se consolidó y empezó a crecer adquiriendo no solo la mayor unidad interna de su historia sino también la mayor cota de poder. Esta estabilidad la llevó a reivindicar más peso en el seno de CiU, hasta el punto de querer optar a su liderazgo tras la retirada de Pujol.  Descartada esa posibilidad tras la unción de Artur Mas en el 2001 que estuvo a punto de provocar la disolución de CiU, la coalición se reconvirtió en federación de partidos y Duran, en su secretario general.  

DURAN, EL GRAN LÍDER

Las diferencias entre CDC y UDC no desaparecieron sino que se fueron agravando a medida que  CDC viraba hacia el independentismo. Mientras tanto el  partido y Duran,  probablemente el  líder que la historia acabará juzgando como el  más importante de la trayectoria de la formación, fueron sometidos a numerosas críticas, cuando no descalificaciones personales por defender la tercera vía, una posición tan legítima como coherente con su tradición histórica alejada de cualquier extremismo.

Pero en Unió también había independentistas y tras años de unidad interna el partido volvía a estar dividido. Por ello,  cuando Duran ganó por la mínima la consulta interna se rompió CiU y también se rompió Unió.  Era junio de 2015 y a tres meses de las elecciones del  27 de septiembre de aquel año apenas hubo tiempo para la reacción. La extrema polarización de unas elecciones pretendidamente plebiscitarias dejó a Unió sin representación.  Por lo que de ser testimonio y protagonista de la vida política catalana Unió ha pasado a ser víctima de su último episodio,  el procés. 

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