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AL CONTRATAQUE

Instalaciones de la guardería Caspolino, en el barrio de Gràcia de Barcelona.

Desviar dinero

Antonio Franco

Se deben abonar los salarios de los profesores de la concertada, pero me pregunto si no era posible hacerlo con otro dinero y sin pasar por encima de las guarderías

El último escupitajo lanzado con toda naturalidad desde arriba a los de más abajo es el desvío de 81,7 millones de euros de las guarderías municipales hacia centros concertados de la enseñanza privada, algunos modestos y otros no. Rodeados cada día de detalles escandalosos sobre grandes delitos perpetrados por auténticos malnacidos, este desvío secreto de fondos no parece ser ningún gran 'affaire', pero retrata la cultura del hago lo que quiero que preside la actuación de demasiados protagonistas de la política.

Primero, los hechos. Escaseaba el dinero y Ensenyament, e indirectamente la conselleria de Economía, decidieron la chapuza: quitárselo a  unos, que lo necesitaban, para dárselo a otros, que también, aunque sin sopesar debidamente las cosas. Luego, las explicaciones: lo prioritario era pagar unos salarios, según la consellera Rigau. Suscribo lo de que se deben abonar los salarios de los profesores de la concertada, pero me pregunto si no era posible hacerlo con otro dinero y sin pasar por encima de las guarderías, cuyo mantenimiento es otra obligación exclusiva de la Generalitat. 

¿Cobraron durante ese apretón económico los asesores de libre designación de las consellerias? ¿Eran las guarderías y parvularios lo más superfluo teniendo en cuenta lo que significan tanto para la educación de los niños como para la conciliación de las otras obligaciones de los padres? ¿Todas las escuelas concertadas son igual de prioritarias o hay algunas, como las del Opus Dei, que en tiempos de estrecheces pueden conseguir otros recursos o pedir a las familias algún esfuerzo suplementario como compensación a cuando mantienen la segregación de género en sus aulas? 

MALA FIJACIÓN PRESUPUESTARIA

El discurso oficial de la Generalitat encierra una verdad pero tiene un punto flojo. La culpa de este apuro presupuestario son los recortes impuestos desde Madrid a través de impagos injustificados. Pero a partir de ahí hay una mala fijación, ya en Barcelona, de las prioridades. Que nadie entienda este comentario como un ataque a la escuela concertada, aunque discrepo de la ideología convergente de considerarla más intocable que el área pública. Según datos recogidos por este mismo diario, aquí, con la llegada de las penurias la inversión pública en educación del sector público, se ha recortado un 16,7% y la del concertado un 11,6%.

Ofenden también los enredos dialécticos. «Lo que hicimos no fue desviar el dinero sino administrarlo de otra manera», afirma la consellera Rigau, parapetada detrás de la idea de que, como la partida era genérica, podía modificar libremente su destino. ¿Para qué se dedica entonces tanto tiempo a elaborar, discutir, enmendar y decidir los presupuestos?

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