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Editorial

Millet, mucho más que un síntoma

El juicio debe dirimir el papel de CDC en el expolio del Palau para determinar si el partido fue inductor o perceptor

Este miércoles arranca el juicio oral por el denominado 'caso Palau'. Los principales encausados son los gestores del Palau de la Música Catalana, uno de los templos laicos del catalanismo y de la burguesía durante el siglo XX. Por lo que se desprende del sumario, todo indica que el complejo y oscuro entramado jurídico con el que se gestionaba esta entidad receptora de importantes cantidades de dinero público y privado encubría todo tipo de prácticas que ampararon el enriquecimiento de Fèlix Millet y de Jordi Montull. Un saqueo del que no sabemos si el desvío de fondos a Convergència Democràtica de Catalunya es causa o consecuencia. Es decir, el juicio debe determinar entre otras cosas si Millet y Montull financiaban a CDC para tapar su robo o robaban para tapar el desvío al partido de Pujol y Mas.

En todo caso, parece probado que una parte de los ingresos privados del Palau tenían relación directa con algunas adjudicaciones de la administración de la Generalitat, en este caso, como la que recibió la empresa Ferrovial. Todo ello ocurría en la trastienda de una institución que en su escaparate lucía a lo más granado de la clase empresarial y política catalana que actuaron cuando menos con dejadez en el control de las finanzas de la institución, tanto si lo que hicieron fue no controlar como si llegaron a amparar.

Los ilustres nombres que aparecen en este sumario despiertan una intensa ira popular contra los privilegios de una parte sustancial de la élite política y económica del país. Su defensa será concentrar la responsabilidad de lo ocurrido en Millet y Montull que, a la vista de su actuación, son sin lugar a dudas unos desalmados con episodios tan rocambolescos como los de las bodas del máximo responsable de la entidad que endosó los gastos al Palau y les cobró la mitad del importe que no había pagado a los consuegros.

Pero Millet y Montull son algo más que unos garbanzos negros. Son el síntoma, de hecho mucho más que un síntoma, de una determinada manera de entender la política, los negocios y el catalanismo. Un estilo basado en la connivencia de ciertas familias en virtud de sus orígenes comunes que crea espacios de impunidad cuando se cruza con la política. Millet, Montull y CDC han de pagar por lo que la justicia determine que hicieron. Y el resto debe aprender que la tolerancia ha terminado.  

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