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Duelo en Vistalegre Corral

Antón Losada

Nadie ha hecho más que Iglesias e Errejón por convertir el debate en Podemos en una película de vaqueros con sheriffs, pistoleros de alquiler y tramperos

Nadie ha hecho más que Pablo Iglesias e Iñigo Errejón por convertir el interesante y complicado debate político que se había empezado a gestar en Podemos en una película de vaqueros con sheriffs, pistoleros de alquiler, tramperos y duelo final en el marco incomparable de Vistalegre; el mismo El Dorado socialista donde hace tres años escenificaron su desafío al PSOE y ahora visibilizarán su incapacidad para dejar atrás al viejo y cansado partido socialdemócrata. Cierto es que los partidos y medios que hicieron posible la edad del oro del bipartidismo les estaban esperando, listos para gritar a los cuatro vientos que son como los demás y solo les interesa el poder, pero ellos se lo han puesto demasiado fácil.

Antes de convertirse en esta especie de familia desestructurada incapaz de gestionar haber ganado el Gordo de la lotería, Podemos había empezado a encarar el dilema que toda organización debe afrontar si pretende convertirse en una fuerza de gobierno; la misma discusión que prefirió rehuir forzando unas elecciones tras los resultados del 20-D. Podemos ha llegado a ese parte del camino de toda organización política donde los senderos se bifurcan. El movimiento de aluvión que llegó a los 70 diputados sin apenas organización o estructura, a lomos de un liderazgo mediático fulgurante y una férrea dirección centralizada, debe elegir: o mantenerse en el camino del asalto a los cielos o aprender a subir por las escaleras de las instituciones.

Iglesias defiende la vigencia de un modelo supeditado al liderazgo visionario y donde la estrategia de movilización social siempre tiene prioridad sobre la presencia institucional; en su plan el papel de derrotado es el único reservado para el PSOE. Errejón propone un modelo menos supeditado al liderazgo y más a la organización, donde la habilidad para amortizar la presencia en las instituciones se convierte en la llave que lleva a un gobierno que, inevitablemente, deberá compartir con un PSOE a quien debe enseñar y con quien debe aprender a entenderse.

Ambos son responsables de que este complejo debate, que carece de una respuesta fácil o simple, haya acabado caricaturizado en un western de serie B. Pero la culpa no se reparte igual. Iglesias tiene más interés que Errejón en convertir Vistalegre en un duelo personal. Si algo parece haber quedado claro para muchos, tras estos meses de abrazos y puñaladas en redes sociales y tertulias, es que Iglesias tiene el carisma y el tirón electoral pero Errejón tiene el proyecto con más posibilidades de llevar algún día a Podemos al gobierno.

Iglesias lo sabe y ha buscado obligar a las bases moradas a elegir entre él o el caos de un liderazgo incierto y sin testar en el mercado. Errejón ha tratado de rehuir ese combate porque no sabe si podrá ganarlo pero ahora ya no le queda más remedio que desenfundar. Ambos harían bien en tener presente que los chantajes acaban siendo algo que la militancia de todos los partidos soporta bastante mal.  

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