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El juicio a Mas y la cuenta atrás

Puigdemont puede subir la apuesta y convocar para el mismo día elecciones y el prometido referéndum

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Carles Puigdemont y Artur Mas, ayer en el Consell del PDECat.

Carles Puigdemont y Artur Mas, ayer en el Consell del PDECat. / EFE / ALBERTO ESTÉVEZ

Las dos partes han confundido atizar la agitación con firmeza. Han demostrado así falta de templanza. Que el exjuez Santi Vidal fuera proclamando que la Generalitat tenía ilegalmente los datos fiscales de todos los catalanes, que había un fichero de jueces amigos y enemigos, y que tenía un pacto con otro Estado no europeo para asegurar la desconexión, no puede ser solo el dislate de un idealista de buena fe. En tal caso, la Generalitat y ERC le habrían parado los pies antes del artículo de Cristian Segura en 'El País'. Si desconocían lo que decía Vidal, no son frívolos, sino incompetentes. La única explicación es que creían que había que animar a la gente (como ha dicho Vidal) y sembrar la idea de que habría que “romper huevos”. Debía estar en el “manual de astucia” de Artur Mas.

Pero desde el constitucionalismo la falta de 'seny' no es menor. Muchos sostienen que no hay que judicializar la política. El domingo, nada menos que Inés Arrimadas decía a un diario de Madrid: "Si solo actúa la justicia, alimentas el victimismo de los independentistas”. Y sin embargo, el lunes 6 se inicia el juicio contra Artur MasJoana Ortega e Irene Rigau por la consulta participativa del 9-N que se podía haber evitado. Sabido es que el Gobierno presionó al fiscal Torres Dulce, que acabó dimitiendo. Como mínimo se podía haber pedido el aplazamiento a la espera de lo que resultara de la 'operación diálogo'. ¿Existió alguna vez?

Lo que sucede me recuerda vagamente el libro de Margaret McMillan sobre la guerra de 1914. Cuando estalló, todos eran optimistas porque creían no solo que tenían la razón sino que ganarían. Cuatro años después…

Los dados están echados. Con la aprobación de los presupuestos por la CUP -el Govern cedió al final contratar 5.000 maestros-, Puigdemont ha quemado sus naves y tendrá que convocar un referéndum ilegal... e imposible. Y los independentistas creen que en las elecciones posteriores la prohibición será su gran arma electoral.

Pero la cosa puede ser más grave si Puigdemont convoca elecciones autonómicas -para lo que está legalmente facultado- y para el mismo día el referéndum ilegal. Madrid se enfrentaría a una endiablada situación. No podría prohibir las elecciones, pero tampoco tolerar el referéndum. El separatismo habría subido la apuesta y el Gobierno español tendría que seguirle. El choque de trenes sería más fuerte y las consecuencias, más imprevisibles.

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Allí falta sentido de Estado para admitir que España será plural o no será. Aquí falta mesura y sobra desprecio a la Constitución votada por los catalanes.

Puigdemont ha dicho que el lunes 6 de febrero -juicio de Mas- se inicia la cuenta atrás. Se equivoca. La cuenta empezó hace mas de un año, cuando Artur Mas no buscó otras alianzas y entregó Junts pel Sí a la CUP para no aceptar que con el 47,8% de los votos (contando el 8% de la CUP) en unas elecciones plebiscitarias -el auténtico referéndum que España no había permitido-, Catalunya no estaba legitimada -ni jurídica ni moralmente- para pretender ser un nuevo estado de la UE.