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Pequeño observatorio

La admirable herramienta de los 'pispes'

Josep Maria Espinàs

El instrumento que usan los carteristas tradicionales del metro son los dedos

He leído Entre Todos, la página que EL PERIÓDICO dedica a las cartas que envían los lectores. Si los temas no son de estricta actualidad, puedo dejar el comentario para otro día. Hoy he recuperado la carta que envió Nuria Lahoz, publicada con este titular: 'Cuidado, el carterista está al acecho'. Es evidente que la autora de la carta tiene experiencia como usuaria del metro, además de una excelente capacidad de observación. Habla de los avisos que alertan de la posible presencia de carteristas en ese vagón. El aviso se transmite, supongo, especialmente en las horas de acumulación de pasajeros, lo que hace inevitable el contacto de los cuerpos.

Y Lahoz nos ofrece una observación muy lúcida: cuando oímos el aviso, instintivamente queremos comprobar que conservamos nuestras pertenencias, y lo que hacemos es señalar al carterista dónde debe buscar... Pero lo que me ha gustado de su advertencia es que en la carta  hable de 'pispes'. Hacía tiempo que no oía esta palabra. Consulto diccionarios y enciclopedias y coinciden en que 'pispar' es coger furtivamente. Cuando yo era joven decíamos: «'¿Qui m’ha pispat el llapis?'». Un 'pispa' no era un ladrón. Hoy hay grandes especialistas en importantes robos a los que no podemos calificar folclóricamente de 'pispes'.

Los mandamientos de la ley de Dios dicen «no robarás». Robar es un pecado. De 'pispar' no dice nada. Incluso esta palabra suena como una broma. «'Aquest llibre el vaig pispar. El llibreter badava'». Para robar hay que tener una cierta audacia, y a veces la operación es arriesgada. Forzar la puerta de un piso o de un establecimiento no se suele hacer en un segundo, y en ocasiones exige disponer de las herramientas adecuadas. Por el contrario, el instrumento que usan los cacos tradicionales son sus dedos.

La habilidad digital siempre había sido, y todavía es, un mérito. Muchas profesiones la necesitaban. Ahora se pueden hacer grandes operaciones económicas, lícitas o fraudulentas, sin mover un dedo

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