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BALANCE DEL AÑO

 Velas y flores son depositadas en el lugar del ataque perpetrado ayer en el mercadillo navideño en el centro de Berlín.

EFE / MICHAEL KAPPELER (EFE)

Hay una grieta en todo

Olga Merino

Ha sido un año tirando a feo en el que, tal vez por la pésima fama de los bisiestos, las cosas malas han venido a pares

Las Navidades son fechas de borrón y cuenta nueva o de suma y sigue, dos tácticas igualmente válidas pero que en cualquier caso implican inventario, el balance de un año más bien tirando a feo. Tal vez por la pésima fama de los bisiestos, las cosas malas han venido a pares, como las facturas de la luz.

Primero fue el 'brexit', ese referéndum que salió como el tiro errado de una escopeta de feria, y luego, cinco meses después, la victoria de Donald Trump en las elecciones norteamericanas, un apellido, el del nuevo presidente, que designa a la carta del triunfo en los juegos de naipes. Una premonición funesta que casi nadie intuyó.

También el 2016 se llevó de la mano a dos referentes en la educación sentimental de una generación, el británico David Bowie, el intérprete que cantó a la soledad cósmica del hombre, la del 'Major' Tom llamando al control Tierra, y el canadiense Leonard CohenEste último más que canciones escribía plegarias filosóficas, de esas que ayudan a encontrar algún rastro de  redención entre la basura.

Llevo un colgante con una estrofa grabada de Anthem, una de sus letras que más me gustan: "There is a crack in everything, that’s how the light gets in", dice. Hay una grieta en todo; así es cómo entra la luz. El estribillo recobra su pleno sentido en estos tiempos convulsos.

El año deja también las cicatrices de Niza Berlín, dos atentados atroces en la similitud de su modus operandi –el camión ciego que arrolla a la muchedumbre– y las fechas escogidas para perpetrarlos, el 14 de julio, fiesta nacional de Francia, y la Navidad, el símbolo desvirtuado de Occidente. Un mercadillo de muérdago y figuras de barro cocido junto a un monumento que recuerda el horror de la segunda guerra mundial, la lección no aprendida de adónde llevan los fundamentalismos.

Habrá que seguir resistiendo frente a los apóstoles del odio, contra quienes dicen que los de Berlín son los muertos de Merkel. Habrá que seguir manteniendo la luz de la esperanza en las fisuras. 

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