La medida y el uso del tiempo

Días festivos o días de descanso

Hoy la existencia se consagra a la producción, y los días no laborables son solo una tregua para reponer fuerzas

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Compras navideñas en el Portal de l’Àngel de Barcelona.

Compras navideñas en el Portal de l’Àngel de Barcelona. / FERRAN NADEU

Atrás quedan los tiempos en los que la vida se regía a toque de campana; lejos también la Semana Santa envuelta en música sacra o las Navidades de interminables villancicos. Ya somos una sociedad laica o casi, y los días de fiesta son días de descanso, que no es lo mismo. Y no lo es, efectivamente, porque en el calendario litúrgico el día de fiesta es el que uno se dedica a sí mismo, a pensar sus cosas, y por eso tiene el papel de dar sentido al resto de días laborables. Entre el domingo y el resto de la semana hay una relación jerárquica, porque en el día festivo uno toma su distancia respecto de la actividad semanal para poder enjuiciarla. En el calendario laico, empero, todo es tiempo de trabajo, y por eso no hay distingos entre 'vita' contemplativa y 'vita' activa. Toda la existencia está consagrada a la producción, y por eso los días de descanso son solo eso, una tregua para reponer fuerzas y volver con bríos renovados al tajo. También aquí hay una relación jerárquica entre trabajo y descanso, solo que al revés. Manda el trabajo.

LA PÉRDIDA DEL PASADO 

He ahí un cambio que ha traído el progreso, que tiene sus ventajas, pero con el que hemos perdido algo. Hay procesos en los que el pasado no queda ni integrado ni superado por el presente sino sencillamente perdido. Sería ingenuo pensar que la ciudad es el futuro del campo o que los modernos edificios de diseño (casi siempre bancos) suponen la superación del románico o que el futuro del Maestro Mateo es Santiago Calatrava. Si no fuera porque todavía hay pueblos y hay monjes que cantan gregoriano y podemos visitar la catedral de Santiago, si no fuera por esas presencias, el pasado estaría perdido. 

El 'homo faber' es un ser  El 'homo faber' es un ser sin nada dentro, pura superficie

¿Son los días de descanso la expresión adulta y lograda de los días festivos? Si hacemos balance de lo que el descanso se ha llevado por delante, hay que convenir que esa no sería una buena noticia. Al perder la distinción entre fiesta y día laborable porque solo hay trabajo, nos entregamos a la tiranía del tiempo. "El tiempo es oro", decimos, y decimos bien, porque el beneficio está en relación proporcional a la aceleración del tiempo. Si todo es trabajo, no solo renunciamos al legado de la 'vita' contemplativa sino también a la posibilidad de la experiencia que necesita tiempo. El 'homo faber' es un ser sin nada dentro, pura superficie. Un ser, sí, transparente que no oculta nada, pero porque no posee secretos ni vida propia.

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LUGARES DE LOS QUE NUNCA NOS VAMOS

Aunque la moderna cultura del descanso se ha impuesto a la vieja liturgia de los días festivos, no ha conseguido aún acallarla del todo. Y es que hay algo en el pasado de los días festivos que, al igual que ocurre con la infancia, no podemos dejar atrás. Ese pasado, como la infancia, son lugares de los que nunca nos vamos. Los recuerdos intergeneracionales que se agolpan en torno a las Navidades son, además de jolgorio, expresión de esa voluntad de no renunciar a los sueños que tuvimos, de transmitirlos a los hijos o nietos. Puede que la musiquilla de los modestos villancicos sea el último bastión  de esa infancia que solo abandonamos cuando decidimos que ya no hay nada que esperar.