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Análisis

Doble cerco

Josep-Francesc Valls

Avanza el cerco al propietario de apartamento turístico que opera al margen de la ley. Se produce en un doble sentido: aflorando negocios, lo cual va bastante lento; y exigiendo la tasa turística a todo aquel sujeto de la misma, tal y como aceleran estos días tanto la Generalitat como el Ayuntamiento de Barcelona. La tasa turística de los pisos que ya son legales en Barcelona se equiparará a partir de abril en los presupuestos de la Generalitat a la de los hoteles de lujo (2,25% euros por pernoctación frente a los 0,65 euros anteriores que pagaban antes); para los de fuera de Barcelona, la cuota será de 0,90 euros frente a 0,45 euros hasta ahora). Parece justa esta equiparación si tenemos en cuenta el rendimiento comparado entre el RevPar de esos hoteles y los ingresos netos de los apartamentos.

Y avanza mucho más rápido el cerco al turista para que pague la parte alícuota que le corresponde por el uso del territorio y del patrimonio. Hasta ahora, abonando los servicios de alojamiento, de restauración, de shopping, de cultura, de transporte, etc., cubría todos sus costes turísticos. Los correspondientes al mantenimiento y desarrollo del territorio y del patrimonio han cargado históricamente sobre los hombros de los ciudadanos.

El avance se ejecuta en un doble sentido. El primero, la Generalitat aumentará la tasa de los cruceristas que permanecen menos de 12 horas en Barcelona. Pasarán a pagar 0,65 euros por día no pernoctado. Y el segundo, el ayuntamiento barcelonés está dispuesto a que se sumen a la tasa todos aquellos que visitan la ciudad aunque no pernocten. No son los veintidós millones de personas como dice el ayuntamiento, puesto que  cuenta dentro de esta cifra a los que vienen a trabajar o van directamente al aeropuerto, pero son varios millones. Se trata de visitantes que dentro de sus vacaciones en cualquier lugar de la costa o del interior realizan un tour de día por la ciudad. Este segundo cerco no sería posible cerrarlo en positivo si no se implica a los intermediarios. Por eso adquiere una relevancia extraordinaria la figura que acaba de crear la Generalitat del asistente de recaudación. Ejecutará la misma función que los hoteleros: cobrar al turista y abonar en su nombre la tasa turística a la autoridad autonómica. En adelante ejecutarán esta tarea también las compañías de cruceros, las agencias de viaje, las transportistas, las OTA, las Apps y todo aquel que intermedie en el viaje.

Mientras va aflorando toda la oferta de apartamentos turísticos y los turistas pagan lo que deben, 2017 va a ser un año espléndido para el reequilibrio de las aportaciones fiscales entre los actores turísticos y además se producirá un incremento de la recaudación. Este nuevo escenario facilitará que los vecinos vean aligeradas cargas turísticas que antes pagaban y redundará en una mejor percepción del turismo. Despejado esto, los ayuntamientos podrán acelerar la toma de decisiones en materia de planificación turística urbana.