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Día de solidaridad

Clasificación de alimentos en el Parc Logístic de la Zona Franca tras una de las jornadas del último Gran Recapte.

ELISENDA PONS

El Gran Recapte de cada día

Imma Sust

Si las personas no nos ayudáramos a nivel personal, mucha gente moriría de hambre. De frío y de todo

Soy una persona ultrapráctica. Siempre lo he sido. Pienso tanto en el presente, que no me acaban de convencer esas políticas de ultraizquierda donde se pretende cambiar el sistema de forma radical para que mis tataranietos que jamás tendré vivan, desde su punto de vista, mejor que yo. Casualmente todos hablan maravillas de la Cuba de Castro ahora que ha muerto, pero ni uno solo pensó jamás en mudarse allí.

Yo soy más de luchar aquí y ahora. A corto plazo. Que paso por delante de un súper y una mujer me pide comida, abro el carro y le doy lo que sea. Se me parte el alma, al pensar que hay gente que no tiene para comer. Y es por eso que no soporto que iniciativas como el Gran Recapte sean criticadas. Voy al súper de mi barrio, veo a los voluntarios y sin pensar demasiado pregunto: «¿Qué no necesitáis?» Para no ayudar mal. Cosas de cristal, me dicen. Ok. Pillo un poco de todo y chocolate pensando en los críos.

Luego llego a casa, y con toda mi buena fe, cuelgo un tuit donde recuerdo que hoy es el día de la solidaridad y pido a los colaboradores que compren latas. Cristal no. Me entristezco al recibir algunas críticas de gente, que se cree moralmente superior a mí y que no solo no valoran mi gesto, sino que encima lo critican. Por lo visto, mi acto solo favorece a la pobreza y hago ricas a las grandes multinacionales de comida.

¿Cuántos productos Nestlé habrá comprado la gente? Me dice uno. Yo es que no pienso en el señor Nestlé, pienso en el niño que se comerá el chocolate. Esta es la diferencia entre nosotros. El odio al sistema os ciega y no os deja ver a las personas. No quieres colaborar, muy bien. ¿Cuál es tu plan?, ¿exigir qué el sistema lo haga todo? Ya os digo que esto no va a pasar. Si las personas no nos ayudáramos a nivel personal, mucha gente moriría de hambre. De frío y de todo.

Un ejemplo. Si un día, un socorrista de Badalona no hubiera pensado que podría ser útil salvando gente en la costa de Lesbos y se hubiera quedado en casa, criticando al sistema y al mundo que no ayuda a los refugiados, ¿a cuántas personas habría salvado? Pues eso.