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¿Quién manda en el PSOE?

Enric Hernàndez

Mientras sigan huérfanos de liderazgo, los socialistas seguirán dando bandazos y sin decidir si son alternativa a Rajoy o si condicionan sus políticas

Por méritos propios y dejaciones ajenas, Antonio Hernando es la cara más visible de un PSOE en busca de sí mismo. Al precario liderazgo de Pedro Sánchez, cuestionado y maniatado por el aparato territorial, lo ha sustituido una gestora provisionalmente volcada en los ajustes de cuentas internos.

El 29 de octubre, cuando Mariano Rajoy advirtió a PSOE de que no le bastaba con su abstención y que no pensaba enmendar su propio legado, un portavoz socialista con mando en plaza hubiera devuelto a sus diputados a la casilla del 'no'. Hernando ni estaba en condiciones de hacerlo, ni tenía a quien llamar para que decidiera por él. Prefirió dar por no oída la adminonición del candidato del PP y facilitar su investidura.

Al pactar con los populares el reparto de cargos (y sueldos) institucionales del Congreso, Hernando no podía sospechar que Rajoy le haría la trastada de regalar la codiciada presidencia de la comisión de Exteriores al exministro Jorge Fernández Díaz, a quien el PSOE reprobó por su papel en la 'operación Catalunya'. Aun así, Hernando se tragó el sapo, otro más, y rehusó bloquear la elección de Fernández Díaz invocando el respeto a la palabra dada. El revuelo organizado y el pánico a que Podemos los eclipse en la oposición llevó a los socialistas a rectificar apenas 24 horas después.

Y otro tanto les ha sucedido en el campo de batalla presupuestario: primero no tenían nada que hablar con el Gobierno, luego se avinieron a negociar el techo de gasto --sin el cual no habría cuentas en el 2017-- y ahora mantienen el 'no es no', pero abren la puerta a pactar algunas enmiendas. 

SOPLAR Y SORBER

Tras ceder el paso a Rajoy para evitar unas terceras elecciones, el PSOE tiene dos alternativas: o se atrichera al frente de la oposición para achicar espacio a Podemos, o hace valer sus 84 diputados para condicionar las políticas económicas y sociales del Gobierno. Ambas opciones son igualmente legítimas y defendibles, pero soplar y sorber no va a poder ser. El problema es que, mientras la gestora mantenga en el congelador el congreso federal, en el PSOE no habrá quien mande. Y el partido no sabrá qué quiere ser de mayor.