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LA CARRERA HACIA LA CASA BLANCA

Trump y Clinton, durante el tercer y último debate antes de las elecciones, en Las Vegas.

AP / MARK RALSTON

El truco más grande

Ramon Rovira

Son tantos los elementos surrealistas que han salpicado el pulso entre Clinton y Trump que dan ganas de escribir un final propio de 'House of cards'

Y si todo hubiera sido un truco de magia, un montaje donde el final estaba escrito desde el principio, la más formidable superproducción jamás imaginada… Cuando nos adentramos en la recta final de la campaña presidencial norteamericana, a los amantes de las teorías de la conspiración nos cuesta echar el freno. Son tantos los elementos surrealistas que han salpicado el enfrentamiento entre Hillary Rodham Clinton y Donald Trump, que dan ganas de escribir un final a su altura.

Imaginemos la noche electoral del 8 de noviembre y el magnate explicando al mundo que le importa un pimiento vivir en la Casa Blanca. Que en realidad lo que le interesaba es construir más torres en Manhattan, ser todavía más rico y sumar a su lista de influyentes el cargo más poderoso del planeta. Para ello, con sus amigos los Clinton, habrían ideado el golpe perfecto. Simular una contienda política a la medida; sucia y miserable, con insultos y sexo explicito pero sin propuestas ni compromisos ni ideas. En la farsa, Trump se reservaba el papel del villano, acosador, faltón e ignorante, mientras Hillary flotaba en la discreción del secundario para que no afloraran su debilidad, corrupción y codicia. El premio, el despacho oval, el botón nuclear, el poder absoluto, la presidencia de los Estados Unidos.

GRACIAS, TRUMP

Afortunadamente ni la calenturienta imaginación del constructor ni el maquiavelismo de la sociedad Bill&Hillary pueden llegar tan lejos, aunque a veces lo parezca. Pero la infinita capacidad deTrump de dispararse en el pie, destrozando cualquier atisbo de racionalidad en su campaña, invita a pergeñar este hipotético guion para 'House of Cards'. Porque ni los más viejos recuerdan un candidato que haya roto con tanto afán todos los puentes con grupos determinantes en unas presidenciales como ha hecho el republicano. Minorías negra y latina, mujeres, militares, jueces, periodistas, homosexuales, donantes de todo pelaje, inversores, tecnólogos… Todos engullidos por su enorme bocaza. Arrogante, polémico, pedante, mentiroso y grosero,  solo faltaba añadirle el fraude fiscal y un pasado de acosador sexual para confeccionar el perfecto antiaspirante al trono que un día ocupó Abraham Lincoln. 

Nadie recuerda un candidato que hubiera roto como Trump los puentes con grupos determinantes en unas presidenciales

Por todo ello si Trump no existiera, Hillary debería haberlo inventado. La ha ayudado a completar el círculo que ella y Bill empezaron a dibujar aquel otoño de 1970 cuando se conocieron en la facultad de Derecho de Yale. Con su labia florida el melenudo larguirucho y de barba rojiza encandiló a la estudiante brillante y miope. “Las sandias que cultivamos en Arkansas son las más grandes del mundo” declamaba con cierto desapego por la verdad el joven abogado mientras ella paseaba por el campus.

LA CARA AMABLE Y LA ESTRATEGA

Y de aquí al gobierno de Arkansas, a la Casa Blanca, al Senado, a la secretaria de Estado y probablemente a partir del próximo enero, de nuevo a la mansión presidencial. Él, la cara amable, empático, el encantador de serpientes. Ella, la estratega, brillante en el análisis, letal en la resolución. Y los dos,  ambiciosos, desconfiados, vengativos y codiciosos. El dúo políticamente perfecto, la política en estado puro. Sólo así han esquivado todas las trampas que sus adversarios les han puesto, superar las traiciones de los amigos, sortear decenas de querellas, denuncias y acusaciones de corrupción y sobre todo, un proceso de destitución por haber practicado juegos sicalípticos con una becaria en los sofás del despacho oval.

BILL & HILLARY COMPANY

Cuando si nada se tuerce, Bill&Hillary hagan historia convirtiéndose en la primera mujer que ocupa la presidencia y la pareja vuelva a la Casa Blanca, poco a nada quedara de aquellos jóvenes padres de una hija pequeña que en el 93 aterrizó en el ala este al grito de "Votad a Bill y por el precio de uno tendréis dos". Hoy siguen siendo dos; dos sexagenarios venerables, abuelos y ricos, muy ricos. Pero su ambición y pasión por el poder siguen intactos.

Hillary aprendió a garrotazos parlamentarios que el papel que se espera de una primera dama son los actos sociales y la caridad y no que proponga revolucionarias reformas sanitarias. Y Bill que en el despacho oval es recomendable mantener la bragueta abrochada. Con la lección bien aprendida, su margen de maniobra dependerá mucho de la distribución de fuerzas en el Senado y en la Cámara de Representantes. Si los demócratas logran cambiar la mayoría republicana, el poder ejecutivo presidencial aumentará exponencialmente. Si no, la batalla será a muerte. Bill&Hillary son la némesis de los conservadores y al dúo la pelea  les encanta.