03 abr 2020

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El debate de la tauromaquia

Vista de la plaza de toros Monumental, en la Gran Via de Barcelona.

RICARD CUGAT

Sin fama ni lucimiento

José Ignacio Castelló

El actual panorama taurino catalán no se presta a un apoteósico triunfo de los taurinos tras la sentencia del Tribunal Constitucional

La afición taurina catalana ha recibido la decisión del Tribunal Constitucional sin la fama y el lucimiento que en otros tiempos tuvo la fiesta de los toros en Catalunya. Esta contenida emoción de los taurófilos, comparada con la excitación que están manifestando los taurófobos, tiene su mérito: tras seis años de espera y coraje, la inconstitucionalidad de la prohibición bien hubiese valido un par de vueltas al ruedo exhibiendo a la gente este máximo trofeo.

Pero está claro que los taurinos catalanes no están para apoteósicos triunfos. Hoy por hoy desconocen por qué ruedo podrían pasear a hombros la sentencia para celebrarlo. Porque plazas catalanas todavía hay unas cuantas, pero operativas solo Barcelona, sin que nadie se atreva en estos momentos a afirmar que hay voluntad de organizar, abrir y estoquear una corrida en este coso.

Resulta que la propiedad de la Monumental, es decir la empresa Balañá, dueña del negocio de teatros y cines de Barcelona, la misma que provocó con su apatía taurina que el aficionado huyese progresivamente del aforo de su plaza, se pensará ahora mucho programar corridas que tambaleen su imperio empresarial. Incluso si acudiese el torero José Tomás, santo patrón laico de la capital catalana y último salvador dela causa taurina barcelonesa.

ESCASA RELEVANCIA TAURINA

La realidad indica que el futuro de los toros en Catalunya es actualmente casi más oscuro que cuando la Monumental echó el cierre hace cinco años. La fama y el lucimiento que tuvo la fiesta en los ruedos catalanes han quedado prácticamente en el olvido. Durante ese tiempo nada ha tenido apenas relevancia para mantener una tradición centenaria y preservar al aficionado ante el juicio y acoso de políticos, defensores de animales y numerosos intelectuales.

La sensibilidad animalística, extendida como una gota de aceite por los alberos catalanes, y el manifiesto apasionamiento político de la confrontación identitaria, han dejado un escenario desolador para los festejos, sin apenas jóvenes aficionados conocedores de la liturgia de la tauromaquia y con una gran mayoría aborrecida por este espectáculo. Además, con un interés creciente de los ciudadanos por otras tradiciones y manifestaciones artísticas supuestamente más catalanas.

SILENCIO INFORMATIVO

Aquí también los medios de comunicación han metido su puyazo. La prensa ha dejado en una total marginación discursiva el texto taurino y ha conseguido que la opinión pública no tenga percepción alguna del desarrollo de una corrida de toros, generando con su silencio informativo una visión de la fiesta más del pasado que de un espectáculo del futuro.

Con este alarmante panorama para el toreo y con la tenaza antitaurina apretando a todas horas es muy complicado que vuelvan las corridas de toros a Catalunya. Esta es la conclusión principal por mucho que los taurinos ya se vean abarrotando andanadas, tendidos y gradas para ovacionar en pie la faena del Constitucional. Hoy un sueño, poco más.