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Pienso en 'El agente secreto' de Joseph Conrad, en 'Chacal' de Frederick Forsyth, 'El caso Bourne' de Robert Ludlum, 'El factor humano' de Graham Greene, 'Operación trueno' de Ian Fleming, y cómo no, en 'El espía que surgió del frío' de John Le Carré. Pienso en todos ellos porque he tenido entre mis manos la vida de David Cornwell, alias Le Carré, con el título de 'Volar en círculo'. Aquí nos cuenta, entre otras cosas, sus años de espía en los servicios secretos británicos. Como sabemos que también espiaron Somerset MaughamGraham Greene o Frederick Forsyth, que lo ha desvelado en su reciente autobiografía, 'El intruso'.

Las dobles vidas de las historias de espías nos apasionan a los aventureros de sillón

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Todos ellos han sido alimento de mi formación lectora, y mejor o peor escritos, los reivindico por aquellos inolvidables días en que me tuvieron como una calcomanía en el sofá. Y dado que los responsables financieros de las editoriales son conscientes de que los espías son una fuente inagotable de ingresos, no hay época del año sin algunos representantes del género. Este otoño no es una excepción, y Arturo Pérez-Reverte se estrena la próxima semana con 'Falcó': un espía de nombre Lorenzo, que trabaja para los servicios secretos del bando franquista durante la guerra civil española: convulsa época histórica que este autor recrea por primera vez.

Entenderán que no adelante nada de la misión que debe realizar este jerezano extraficante de armas, seductor y personaje revertiano hasta la médula, por riesgo a que me deporten a Siberia. También el fino estilista Montero Glez publica 'El carmín y la sangre', donde coloca a Ian Fleming en una original y divertida trama gibraltareña. Aquí recaló antes de parir a Bond para luchar contra los nazis en nombre de su Majestad. Y supongo que tendré tiempo de leer 'El enigma Turing' de David-Stieg Larsson- Lagercrantz, y hasta de echarle un vistazo a 'La espía' de Paulo Coelho, que se atreve con la biografía de Mata-Hari. Pero claro que hay más, muchos más, espías de toda obra y condición que alimentarán nuestras querencias lectoras con esas dobles vidas que tanto nos apasionan a los aventureros de sillón, que solo viajamos por imperativo laboral, y que descubrimos en el Otro la justificación de nuestra existencia.