En defensa de las madres

No hay ningún tutorial que programe la función materna por adelantado, como si se tratara de una lavadora automática

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Una madre acaricia a su bebé.

Una madre acaricia a su bebé. / JULIO CARBÓ

La socióloga Orna Donath publica un libro titulado Madres arrepentidas: una mirada radical a la maternidad y sus falacias sociales que ha tenido un extraordinario eco mediático. En su trabajo esta autora plantea que la maternidad no es ninguna experiencia sagrada ni mítica, y que a menudo acaba convirtiéndose en un error más de entre los muchos que se cometen en la vida. A través de entrevistas orales a 23 mujeres y diez hombres, Orna Donath intenta definir qué significa la maternidad más allá de los ideales sociales.

Aunque en el libro también entrevista a padres, le interesó sobre todo trabajar sobre la presión social hacia las mujeres desde una perspectiva feminista, por eso hay más entrevistas a madres. ¿Qué dicen estas madres? Pues revelan, por un lado, que quieren a sus hijos pero, por otra, que preferirían no haberlos tenido. A veces la presión social excesiva, lo que se supone que una mujer debe hacer para sentirse realizada, las ha empujado a tomar una decisión difícil desde un punto de vista práctico y también subjetivo. A la hora de la verdad, el apoyo de los otros escasea, a menudo las limitaciones profesionales y de tiempo de dedicación empobrecen las posibilidades para estar con los niños, y no digamos el cansancio físico que requiere la crianza y la educación, sin contar con los efectos que tiene en la vida profesional.

EXPERIENCIA RELATIVA

Es así como, desde la sociología, se puede hacer una descripción de este arrepentimiento: para algunas madres, la maternidad es una experiencia verdaderamente"relativa". Donath denuncia la hipocresía social con sus ínfulas sobre la maternidad como una experiencia maravillosa y única en la vida, que "llena" de sentido la vida de una mujer. Su estudio pretende "deconstruir" la novela rosa de la maternidad para poner en evidencia las contradicciones que la habitan.

Es evidente que las madres son como cualquier otro ser humano: no son mejores ni peores. Su experiencia consiste en hacerse cargo de unos pequeños sin un manual de instrucciones que garantice el éxito final y sin tener la certeza de que no se equivocan cuando educan. En efecto, no hay ningún tutorial que programe la función materna por adelantado, como si se tratara de una lavadora automática. Nada hay en el mundo menos automático que el amor. ¿Qué importancia tiene que no lo podamos controlar cuando, en cambio, lo podemos vivir? Hoy en día, mucha gente sufre de falta de amor. En cambio, querer a los hijos es algo que todas y cada una de las madres entrevistadas por Donath afirman como una certeza actual.

Necesitamos, pues, salir en defensa de las madres con todos sus errores, sus dificultades y sus miedos, pero también con todo el amor que manifiestan, aunque sea de forma precaria y frágil. Por supuesto, las madres no son perfectas (¿hay alguien que lo sea?), y tal vez tampoco lo deben ser todo por sus hijos. La frustración de intentarlo y no salir adelante no significa que para muchas mujeres la función de madre deje de formar parte de una vida cotidiana de lo más intensa.

RITMO FRENÉTICO

Correr como locas de una parte a otra, no digamos los extraescolares, el desayuno en la mochila para la excursión, las noches sin dormir por una otitis o un resfriado, sin contar las urgencias cuando procede o las escapadas a casa de los abuelos, si los hay, a un ritmo a menudo frenético y sin ningún margen de tiempo, haciendo siestas allí donde se puede (¡en el autobús o en el cine!) las madres, en definitiva, hacen lo que pueden, como todos nosotros.

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Este es el sencillo y evidente mensaje del libro de Donath. Sin negar que hay todavía, en las madres que defendemos, un claro sentido heróico: el hecho de estar allí y, sin embargo, de intentarlo cada día. A veces la ciencia social, pues, se ocupa de recordarnos cosas tan sencillas como esta.