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Dos miradas

Pedro Sánchez, en un mitin en Galicia, el miércoles pasado.

EFE / KIKO DELGADO

¿País o club?

Emma Riverola

El PSOE sigue a mamporros en el banquillo. ¿De veras le interesa el juego o solo el partido? ¿Ganar el país o controlar un club?

Los pésimos resultados de los socialistas en Euskadi y Galicia dan munición a los críticos que abogan por agacharse y permitir que Mariano Rajoy se aúpe sobre ellos para formar gobierno. La gran duda es saber hasta dónde puede llegar la onda expansiva de la explosión. Si creemos que Pedro Sánchez es el único culpable del descalabro, quizá bastaría con su sacrificio. Pero si el hundimiento es debido a una multiplicidad de factores internos, quizá la detonación acabe dejando al partido en ruinas. El PSOE suma años de insolvencia. A la incapacidad de la socialdemocracia para dar respuestas a la crisis económica, añade unas estructuras partidistas que poco tienen que ver con las nuevas exigencias democráticas. Y, por último, o quizá en primer lugar, está la total ineficacia a la hora de construir un relato de la España plurinacional. Para aquellos que abogan por el jacobinismo, pueden contemplarse en el reflejo de Ciudadanos. Al PSOE le falta valentía y le sobran servidumbres.

El juego sigue abierto. Los nuevos resultados electorales han quitado más prendas a Sánchez. Quizá esté desnudo, pero no es el único. Una tercera convocatoria electoral puede ser el fin de Ciudadanos, más pérdida para Podemos y un camino incierto para algunos partidos nacionalistas, claramente para los exconvergentes. Pero el PSOE sigue a mamporros en el banquillo. ¿De veras le interesa el juego o solo el partido? ¿Ganar el país o controlar un club?

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