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La clave

Pedro Sánchez, con la candidata del PSE, Idoia Mendia, en San Sebastián.

EFE

Canción triste de Pedro Sánchez

Juancho Dumall

Las encuestas publicadas este fin de semana sobre las elecciones vascas y gallegas del domingo vienen a aumentar las dificultades para que Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, salga vivo del desfiladero por el que transita rodeado de francotiradores emboscados. En Galicia, los sondeos dan un cómodo triunfo al PP, con mayoría absoluta (obtendría entre 38 y 41 de los 75 escaños); un nuevo retroceso socialista (entre 13 y 16 asientos, cuando ahora tiene 18), y lo que es peor, un posible 'sorpasso' de En Marea, la coalición que agrupa a Podemos en esa comunidad.

Un buen resultado de Núñez Feijóo actuaría de bálsamo para curar las heridas que a Rajoy le han hecho los casos de Soria y de Barberá. Pero además sería la antesala de un posible intento de doblegar al hasta ahora irreductible Sánchez. Porque, ¿puede mantener el correoso aspirante socialista su empeño en gobernar con 85 escaños cuando ha sufrido otro retroceso en Galicia? Susana Díaz y demás barones del partido esperan con impaciencia la noche (¿de cuchillos largos?) del 25-S.

Vayamos a Euskadi. Los vaticinios no son mucho más alentadores para el PSE, que puede perder hasta la mitad de sus actuales 16 escaños. Ganaría el PNV (entre 27 y 29 asientos de los 75 del Parlamento vasco) sin mayoría absoluta, mientras que Bildu y Podemos se disputan el segundo puesto en una horquilla que va de los 14 a los 18 escaños.

Íñigo Urkullu seguirá siendo lendakari y tendrá muchas posibilidades de pacto (con el PSE, es la que más se baraja), lo cual incidirá en la aritmética embrujada del Congreso de los Diputados. Los nacionalistas vascos se verán seguramente obligados a cambiar de posición en una hipotética nueva votación de investidura, pero sus cinco escaños en la Cámara no son suficientes para decantar la balanza.

PLEGAR VELAS

Pedro Sánchez, quien con tanto coraje ha defendido su 'no' rotundo a la investidura de Rajoy, puede verse obligado (sí, obligado) el próximo lunes a plegar velas y permitir la abstención. O, lo que sería peor para su imagen ante la historia, ser el primer líder socialista defenestrado por los suyos.

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