27 feb 2020

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TESTIMONIOS DE UN LARGO ENFRENTAMIENTO

El presidente de Cuba, Raúl Castro, aprieta las manosde Juan Manuel Santos (izquierda) y ’Timochenko’, en La Habana.

EFE / ALEJANDRO ERNESTO

Colombia: esperanza, prudencia y riesgos

José María Vera

Se siente en el país la esperanza anhelada tras décadas de conflicto mezclada con el miedo a que la violencia se reproduzca, a que nada cambie

Colombia bulle hoy en pleno proceso de paz. Es emocionante compartir estos días con personas y organizaciones de diverso tipo. Uno siente la profunda esperanza anhelada tras décadas de conflicto. Y al minuto aparece la tensión, el miedo a que la violencia se reproduzca, a que nada cambie, a que la impunidad siga campando por este herido país que desea vivir en paz, de una vez. Lo reflejo a través de tres encuentros.

Con Lucero Carmona, cuyo hijo Omar fue asesinado por el ejército. Uno de los llamados 'falsos positivos'. Los soldados eran premiados con días de vacaciones y paga extra por cada guerrillero que traían muerto. Para ganar unos pesos más secuestraban a jóvenes en barrios populares de Bogotá, los trasladaban a zonas de conflicto a miles de kilómetros, los vestían de guerrilleros y los mataban. Nadie volvía a saber de ellos. Hay más de mil casos, hijo a hijo, madre a madre. Una parte de las desapariciones y ejecuciones extrajudiciales que asolaron el país. La historia de Lucero y de otras Madres de Soacha se debe seguir contando, hasta que como ella decía, logren verdad y justicia.

Las víctimas han estado presentes en el proceso de paz de La Habana. Algunas, como las mujeres que sufrieron violencia sexual en el conflicto, tuvieron que pelear duro por su espacio en la mesa. Lo consiguieron y ahora los acuerdos reconocen su situación. La justicia transicional que se plantea ahora no está guiada por la impunidad sino por la verdad, hasta llegar a los instigadores de hechos que no fueron ocasionales, tampoco las violaciones, sino planificados como estrategia de guerra.

LA SITUACIÓN DE LAS COMUNIDADES INDÍGENAS 

Con Esteban, líder indígena del pueblo embera en el departamento del Chocó, uno de los abandonados por el Estado y la Colombia urbana. Que no por los violentos. Su comunidad, de unas 700 personas, está a 15 horas en lancha de Quibdó, la capital del departamento. Las comunidades indígenas, como las afro, han sufrido todas las violencias. De las FARC, de los paramilitares, de los narcos. Las explotaciones mineras han minado su agua. La paz para ellos queda distante y dudosa. Podría haber un campamento de desmovilización de las FARC en su territorio o cerca. Nadie les ha explicado de qué vivirán, ni el impacto que tendrá en sus comunidades. Los paramilitares reaparecen mezclados con los narcos. El otro grupo guerrillero, el ELN, no ha negociado y cabe la posibilidad de que este grupo o los grupos paramilitares ocupen el territorio dejado por las FARC. Y luego están las injusticias de siempre, nos dice Esteban.

Hay acuerdo entre los defensores de la paz con justicia: la paz será en los territorios o no será. Es en el campo donde se han producido los conflictos, las violaciones de derechos humanos, el desplazamiento masivo, la confiscación de tierras. Ahí es donde hay que trabajar la paz y crear las condiciones para una convivencia basada en derechos y oportunidades de desarrollo para todos. Mientras, las organizaciones denuncian el incremento de las vulneraciones y de los asesinatos de defensores de derechos humanos: 63 en el 2015, cifra que coloca a Colombia entre los primeros a nivel mundial. La protección de líderes y lideresas comunitarias, de campesinos y campesinas que exigen recuperar sus tierras, de víctimas que han puesto denuncia, será una parte esencial de la implementación de los acuerdos. El Estado, garante de estos derechos, debe hacerse presente en los territorios en conflicto. Con la policía pero también con justicia, agua, salud, educación e instituciones públicas.

LA ESPERANZA DE UN RESULTADO ABRUMADOR

Con Ivan Cepeda y Alirio Uribe, congresistas del Polo Democrático. Firmes en la defensa de los acuerdos. Como a muchos, les brillan los ojos al hablar de la paz. Y sin embargo las encuestas arrojan un magro 60 y pico por ciento a favor de los acuerdos. Y habrá un referéndum, que los carga el diablo últimamente. Solo Alvaro Uribe y sus seguidores lideran una campaña en contra; Uribe, manipulador de hechos y de voluntades para hacer creer que se trata de una rendición del gobierno de Santos, un liberal, por la que se colará el 'castrochavismo' a gobernar. Su defensa solo de unas víctimas, las de las FARC, frente a otras, las del ejército y los paramilitares que él alumbró, resulta indignante. Así que todos están decididos a que ésta no sea la campaña por el 'sí' solo del gobierno, sino de la gente, de los partidos, de las organizaciones sociales. Cada quien la hará a su manera, con la esperanza firme de que el respaldo será abrumador.

Eso sí, queda uno de los países más desiguales del mundo. Como los senadores nos afirmaron, con un índice Gini de 55 es difícil armar una sociedad cohesionada. Es tiempo de poner los grandes temas de Colombia sobre la mesa. Los de siempre. La distribución de la tierra y su uso, la extracción depredadora de recursos y el modelo productivo, el derecho a la salud y la educación de todos, el derecho a la justicia. También la reforma fiscal que se viene, para financiar la paz. Así que…¿a subir el IVA como en todos lados o a gravar a las grandes empresas?.

Ya era hora de que en Colombia también se puedan dar estos debates. En paz.

Temas FARC Colombia