02 abr 2020

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ANÁLISIS

Por qué los zoos modernos son beneficiosos para la sociedad

Jesús Fernández Morán

Veo con frustración la energía y dinero malgastados en un ataque emocional a los zoos, en vez de aunar esfuerzos por la causa animal

Se ha abierto un debate disyuntivo y en mi opinión poco productivo sobre 'zoos sí, o zoos no', en lugar de uno más fructífero sobre cómo deben ser para convertirse en herramientas de conservación de la naturaleza.  Es mejor evitar debates abstractos que solo enfrentan posiciones a menudo sin puntos de encuentro.

Antes de dar respuesta a nuestra visión de hacia dónde van los zoos modernos, me gustaría recordar que son centenarios (el hombre siempre se ha rodeado de animales, salvajes primero, luego domesticados y posteriormente de ambos), presentes en todas las culturas (no con igual enfoque o usos), en todo el planeta (no se trata de algo local o regional como ocurre con otras relaciones entre animales y humanos), y que a nivel mundial reciben más de 700 millones de visitas anuales.  En Reino Unido, la cifra es de más de 25 millones y en España se superan los 12.

Una de las preguntas es la de si los zoos son necesarios cuando la naturaleza y sus animales están hoy tan cerca a través de viajes o documentales. Parece obvio que tendrían un desastroso impacto visitas masivas al Serengueti para ver leones o elefantes. Solo unos pocos privilegiados pueden hacerlo – y a veces produciendo graves daños en el entorno –. En otros, sin embargo, el turismo de naturaleza provee de ingresos a regiones pobres que así protegen  la fauna local. Ninguna película o foto podrá jamás sustituir el poder ver de cerca un animal salvaje. No hay más que ver la respuesta emocional de un niño.

INSTALACIONES MÁS GRANDES Y NATURALES

Los zoos modernos (centros con estándares e inspecciones que siguen la tendencia moderna global) cada vez exhiben menos especies -en instalaciones más grandes y naturales-, especies cada vez más amenazadas (algunas en situación crítica de desaparecer) y participan en grupos de trabajo que gestionan poblaciones animales para que no se pierda variabilidad genética (especies que desde el punto de vista genético a veces son más sanas que sus congéneres salvajes, como pasa con el escasísimo tigre de Siberia o Amur).

Nuestros zoos, centros integrados en asociaciones como AIZA, EAZA o WAZA, están orientados a tres direcciones fundamentales. Primero, la conservación de especies amenazadas (colaborando también con programas en marcha en los lugares de origen). En la actualidad hay más de 20.000 clasificadas como muy amenazadas. Los zoos no salvarán a muchas, pero sí conectan a la sociedad con esta olvidada realidad. Segundo, a generar actitudes por parte del gran público (educación, sensibilización, inspiración) hacia problemas causados por el hombre en la naturaleza. Tercero, a continuar aprendiendo, desarrollando e investigando en el cuidado de los animales salvajes.

EL FOCO DE LOS GRUPOS ANIMALISTAS

En un mundo desnaturalizado y hostil para la mayoría de animales, por la desforestación, la invasión de espacios en busca de recursos alimenticios o energéticos, la caza furtiva, la contaminación ambiental, el cambio climático, la presión del turismo, desarrollo de nuevas estructuras de transporte, sobrepesca... sorprende que el foco de grupos animalistas sea contra los zoos más modernos (nunca perfectos).

Tenemos mucho que mejorar en el trato a los animales domésticos o salvajes y sobre todo a nuestro entorno. Veo con frustración (y a veces con incredulidad) la energía y dinero malgastados en un ataque emocional a los zoos, en vez de aunar esfuerzos por la causa animal. Para acabar en positivo, recuerdo que los zoos de AIZA colaboran con colectivos de todo tipo en la protección de la naturaleza y los animales y que grandes conservacionistas y naturalistas se inspiraron en su infancia en los zoos urbanos que visitaban.