31 may 2020

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Un grupo de jubilados pasea por la Rambla de Barcelona.

CARLOS MONTAÑÉS

No hagamos 'cuñadísimo' cuando hablemos de pensiones, por favor

Carles Campuzano

No podemos al mismo tiempo pagar las pensiones de hoy con las cotizaciones de ahora y utilizar las cotizaciones de ahora como ahorro para pagar las jubilaciones de mañana

Afirmar que el sistema de pensiones es una estafa piramidal es puro 'cunyadisme' y no sirve para afrontar los retos que tenemos en esta etapa. A corto plazo, estamos hablando básicamente del funcionamiento del mercado de trabajo; a medio plazo sobre las ideas que necesitamos para encarar el reto del envejecimiento de la sociedad y el inicio de la jubilación de las generaciones del 'baby boom'. El 'cunyadisme' sirve para la tertulia de café pero no para encontrar soluciones a los grandes desafíos que tenemos como sociedad. Y desde el respeto y la consideración personales, el último artículo de Josep Maria Martí, en estas páginas, es una nueva evidencia de una manera de polemizar que no sirve para mejorar el país.

Ciertamente, el sistema de pensiones tiene problemas. Aquel que es más evidente tiene que ver con el agotamiento del Fondo de Reserva de la Seguridad Social. Es una de las consecuencias de la gravísima crisis que hemos vivido en los últimos años -que ha destruido millones de puestos de trabajo, con la consecuente pérdida de cotizantes a la Seguridad Social-, pero también de la excesiva precariedad del empleo que se está creando, que hace que el incremento del número de cotizantes no vaya acompañado del mismo incremento en la recaudación de las cotizaciones sociales. El sistema está en déficit desde hace años y el Gobierno del Estado utiliza los recursos de los fondos para hacer frente a determinados pagos de las pensiones.

El Fondo de Reserva, que tiene su origen en el Pacto de Toledo, fue creado en 2000 y estaba diseñado para hacer frente a los déficits del sistema de pensiones que se preveían para la década de los años 20 de este siglo, cuando se coincide en considerar que el sistema financiado vía cotizaciones tendrá un déficit estructural y habrá que movilizar más recursos para hacer frente al pago de todas las obligaciones contraídas con los cotizantes de hoy.

El Fondo era solo una parte de este esfuerzo, claro. Por definición, el Fondo de Reserva no podía garantizar el pago de toda la nómina de pensionistas. Que el Fondo deba utilizarse durante estos años para ayudar a pagar las pensiones de hoy es malo en la medida en que cuando tengamos que afrontar el reto de la jubilación de los 'baby boomers' tendremos menos recursos.

LA DEVALUACIÓN SALARIAL

El nuevo gobierno, si es que lo hay, debería dejar de gastar el Fondo de Reserva y hacer frente al déficit de la Seguridad Social desde el Presupuesto General del Estado. Debería avanzar más en la separación de las fuentes de financiación de la Seguridad Social, pero también, y sobre todo, hacer frente a los problemas de la devaluación salarial, con un incremento del salario mínimo interprofesional y combatiendo los abusos existentes en materia de contratación temporal y parcial, con el objetivo de incrementar la recaudación. Más trabajo y mejores salarios, en definitiva. Y claro, será necesario que las bonificaciones a las cuotas de la Seguridad Social no corran a cargo del sistema -como ha pasado durante estos últimos años-, y sean financiadas desde el Presupuesto. Hay recorrido para reducir el déficit, mientras continuamos el camino de la recuperación del empleo perdido, que debe ser la gran prioridad de la política económica conjuntamente con la mejora de la productividad y la reducción de las desigualdades.

Tenemos por delante afrontar el enorme reto del envejecimiento. Ojalá fuera tan simple como algunos creen, creyendo que si transitamos hacia un sistema de capitalización la cuestión está resuelta. Puro pensamiento mágico. Los costes de transición de un sistema de reparto a un sistema de capitalización son imposibles. No podemos al mismo tiempo pagar las pensiones de hoy con las cotizaciones de ahora y utilizar las cotizaciones de ahora como ahorro para pagar las pensiones de mañana. Pero es que, además, en lugar alguno está escrito que un sistema de capitalización no tenga que hacer frente a los retos del envejecimiento vinculados al aumento de la esperanza de vida y al pago de un número creciente de pensiones vitalicias y suficientes para todos. Dependerá de muchas variables, siempre inciertas y vinculadas a la evolución del ahorro y los mercados.

A no ser que se piense que no es necesario que todo el mundo tenga derecho a una pensión vitalicia y suficiente cuando sea viejo, que se piense que el hecho de que tengas una vejez digna dependa de la suerte y el acierto durante tu vida laboral, incluidas las decisiones individuales de ahorro y de inversión que puedas tomar, y que queramos romper con el compromiso de todos para garantizar una vejez digna para todos, que es lo que implícitamente supone el sistema de reparto.

Es hora de reformas, claro que sí. Importantes y que piden consenso y coraje. No más 'cunyadisme'. Continuaremos hablando.

 

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